ARTÍCULOS 2019

 

El tiempo libre de nuestros niños es un descanso de sus responsabilidades escolares y es importante que sea aprovechado y disfrutado por ellos a su manera. Este periodo de ocio puede traerle muchos beneficios para su propio desarrollo como persona ya que son momentos donde el niño podrá jugar, explorar, experimentar, imaginar y crear.

Los hará muy felices saber que pueden escoger las actividades de recreación en las que deseen invertir su tiempo e incluso cuando decidan no hacer nada, ellos estarán practicando la libertad de sus decisiones. Además, pondrán en práctica sus ideas y su creatividad para lograr un desenvolvimiento placentero y espontáneo.  Así, satisfacen sus necesidades de descanso, entretenimiento, expresión, aventura y socialización.

También, al desconectarse de los deberes, podrán conocerse mucho más, descubrir otros aspectos de ellos mismos y potenciar aún más sus habilidades, mientras recargan sus energías para retomar posteriormente sus actividades cotidianas. Por ello, este tiempo facilitará que se pongan en contacto tanto con su entorno como con ellos mismos, lo cual aportará de manera positiva y significativa en su desarrollo cognitivo, emocional, afectivo y social.

El acompañamiento de los padres es fundamental en este periodo; sin embargo, recordemos que este tiempo es suyo, por lo que, es importante respetarlo, no imponiendo nada ni mucho menos agobiarlos con actividades sobre estimulantes que incluso pueden no gustarles. En ese sentido, puedes ayudarlos en sus decisiones dentro de un espacio con límites pero no forzarlos a realizar actividades que no quieran.

Saturar su agenda no favorece su desarrollo, por el contrario, los agota física y mentalmente. Incluso en casos extremos, genera desequilibrios emocionales. Recuerda que su rutina diaria puede estresarlos, por lo que, cargarlos de actividades los haría sentirse abrumados y presionados, lo cual sólo conseguirá desgastarlos y desmotivarlos.

Del mismo modo, ayúdalos a organizarse, pero no dirijas su comportamiento de manera tan estricta ni límites su imaginación dándoles muchas indicaciones. Al contrario, fomenta su capacidad de creación. Así también, este tiempo debe ser utilizado por ellos mismos como un espacio donde pueden equivocarse y aprender, por ende, promueve que ellos puedan solucionar solos sus problemas, teniendo en cuenta que estos no excedan sus capacidades.

Asimismo, supervisa y modera aquellas actividades que consuman mucho de su tiempo y los aísle de los demás. Últimamente, los niños hacen bastante uso del internet y de los videojuegos, por lo que, es necesario que verifiques los contenidos a los que se encuentran expuestos y corrobora que sean indicados y acordes a su edad.

Además, es sumamente necesario que este espacio se utilice también para compartir tiempo de calidad con los padres, disfrutando de actividades que les gusten a ambos. No olvides que el niño necesita percibir tu presencia.

En el Centro Vinculare, creemos en la importancia de poder brindar espacios para que los niños disfruten de su tiempo libre, donde sean ellos quienes elijan las actividades que más les gusten. El acompañamiento de los padres en esta dinámica es crucial, ya que cumplen un rol de guía y además es una forma de establecer un vínculo diferente con sus hijos.

Es importante resaltar que cada niño tiene intereses distintos, los cuales también varían dependiendo de la edad; es ahí donde radica la importancia de proponer actividades acordes a las cualidades de nuestro niño y a su edad.

En este sentido, ponemos un ejemplo para evidenciar la diferencia que se da en las actividades dependiendo de la edad. Los niveles de atención y concentración varían dependiendo de la edad; es decir, un niño de 4 años no va a prestar atención a las mismas cosas y la misma cantidad de tiempo que un púber de 11 años. Entonces, pueden plantear actividades de mayor concentración y más prolongadas para niños grandes; mientras que para niños pequeños tendrían que ser más variadas, lúdicas y por periodos de tiempo más cortos.

Otro ejemplo a presentar son los juegos lúdicos, con canciones o con movimientos, los cuales pueden ayudar a desarrollar habilidades diferenciadas para niños pequeños y chicos más grandes. En niños pequeños podría estar más relacionado a la motricidad gruesa, realizándose a través de saltos y volantines; también, habrá otro tipo de actividades para afianzar algunas funciones cognitivas como el lenguaje, a través de juegos que ayuden a memorizar canciones, aprender trabalenguas y rimas de palabras que pueden irse complejizando a mayor edad.

Siguiendo la misma idea, es necesario mencionar que conforme aumenta la edad también varía el nivel de logro. Por ejemplo, en púberes las actividades de grupo están dirigidas a desarrollar diversas habilidades sociales, desde expresar sus sentimientos (aprender a expresar lo que sienten), aprender a plantear opiniones en temas cotidianos, expresar asertivamente el rechazo respecto de situaciones que  no le agradan o que los perjudican en algún sentido.

Además, es importante mencionar que el mundo tecnológico en el que vivimos fomenta a los niños, desde edades tempranas, a estar inmersos e interesados por aspectos de este tipo. Muchos de ellos, disfrutan pasando horas en las redes sociales, en los chats, siguiendo a sus artistas favoritos, explorando programas, jugando en línea, etc. Si bien es parte de la socialización característica de este siglo, también es importante establecer ciertos límites o parámetros para este tipo de actividades.

A pesar de ello, los momentos de ocio son espacios donde el chico puede disfrutar de actividades que lo enriquecen y ayudan a fomentar su lado más creativo e innovador como escribir, pintar o leer un libro. Otra forma de compartir el tiempo libre, en particular en vacaciones, pueden darse en grupos de amigos.

Es necesario dejar en claro que si bien las demandas académicas aumentan conforme a la edad, esto no significa que el tiempo libre deba verse disminuido; ya que, como se ha explicado con anterioridad, es fundamental tener momentos de ocio donde el chico pueda realizar actividades de su interés. En este sentido, se pueden proponer actividades de acuerdo a los grupos de edades, por ejemplo:

Excursiones/paseos:

En niños pequeños: ejercicios libres de motricidad gruesa, con pelotas (patear o lanzar la pelota), trepar, etc. elevando la complejidad de acuerdo a la edad. También pueden realizarse juegos de agua, experiencias en piscinas, etc.

En púberes: actividades motrices como palestra o juegos de socialización en equipo como paintball.

Tarde con amigos:

En niños pequeños: realizar juegos de mesa como memoria, pay day, twister, etc. Actividades motrices como patinaje y montar bicicleta, las cuales ayudan a mejorar el equilibrio. También puede realizarse juegos artísticos como cerámica en frio, pinturas, hacer coreografías, disfrazarse para hacer pequeñas representaciones, etc.

 

En púberes: realizar juegos de mesa como cranium, twister, clue, risk u otros juegos de estrategias. También pueden realizarse actividades como jugar videojuegos, como play, wii, xbox, nintendo, etc.

Visitas:

En niños: se puede realizar visitas a museos interactivos como el parque de la imaginación. También se puede llevar a los niños al zoológico, acuario, divercity, etc.

En púberes: se puede llevar a los chicos al submarino del callao, parque de diversiones, o llevarlos a realizar juegos de velocidad como montar cuatrimotos.

 

Bibliografía

¿QUÉ HAGO CON MI TIEMPO LIBRE?

febrero 2019

 

En este mes, consideramos importante abordar un tema al cual muy pocas veces se le presta atención: La angustia a los cambios del inicio de un nuevo año escolar. Cada año nuestros niños se enfrentan a un tutor/a distinto y a la variación en sus compañeros de aula. Incluso, en muchos casos, los niños son trasladados a una escuela diferente.

Esto puede generar cierto malestar en ellos, ya que se trata de personas con las que compartieron muchas experiencias como parte del proceso de aprendizaje; producto de estos lazos amicales, es que los niños pueden establecer vínculos afectivos, los cuales se van afianzando a lo largo del año escolar. 

La angustia que genera separarte de personas queridas es normal en la infancia e incluso en la adolescencia ya que estos vínculos son importantes por ser los primeros que se construyen fuera del ámbito familiar, más aún cuando estos favorecen un espacio seguro para interactuar con el entorno y desenvolverse con confianza dentro de este. Es decir, esto no sólo facilita el desarrollo de habilidades sociales, sino también, influye en el desempeño académico.

Sin embargo, es necesario que el niño afronte estas situaciones con la apertura a nuevas experiencias interpersonales, a la exploración de lo que puede ser desconocido para él, a la adaptación de un nuevo funcionamiento social y a las normas de un nuevo lugar. Esto le brindará mayor flexibilidad en busca de un adecuado desenvolvimiento en los ambientes que frecuente, los cuales no siempre serán los mismos.

Los padres deben ser capaces de disminuir esta angustia en sus hijos, otorgándoles, con su presencia, seguridad, constancia, disponibilidad, atención y calidez en el vínculo que tienen con ellos para que el niño pueda conseguir un concepto positivo de sí mismo y sentimientos de confianza que le permitirán explorar su entorno sin miedo. Además, podrá reproducir el modelo de interacción que tuvo con sus cuidadores, construyendo así nuevas, sanas y satisfactorias relaciones interpersonales.

Del mismo modo, los docentes deben ser capaces de contener al niño en la transición del cambio y acompañarlo en su progresiva adaptación al ambiente. Asimismo, deberá ser un intermediario entre el niño y este nuevo ambiente que resulta desconocido para él. De esta manera, deberá presentarle de manera agradable el entorno para que el niño interactúe amigablemente con este.

Cabe indicar que si el niño afronta un cambio de colegio será aún más importante darle tiempo para procesar esta situación, ya que necesitan despedirse del lugar al que asistía y todo lo que este significa para él. Por lo tanto, tendrá que  tomarse un tiempo para aceptar el nuevo espacio. En ese caso, tanto padres como docentes deben favorecer un espacio de diálogo y entendimiento donde el niño pueda expresar lo que siente y piensa al respecto. Esto facilitará que encuentre la parte positiva del cambio y habituarse adecuadamente a él.

En este sentido, se espera que los padres puedan acompañar al niño a lo largo del proceso de adaptación al nuevo año escolar; siendo así que cumplan un rol de apoyo, desde momentos previos al inicio del año escolar, para que puedan ayudar al niño a lidiar con la angustia que puede generar lo desconocido.

Por ello, se recomienda a los padres crear un ambiente positivo sobre los nuevos retos que van a enfrentar los niños; es decir, no calificarlos como si se tratara de una dificultad. Lo recomendable es plantearlo como algo que motive al menor, (ej.) “vas a tener más amigos, nuevos profesores, un patio de recreo más grande,” etc.

En el caso de niños que pasen a un nuevo colegio, se recomienda hacer visitas al centro educativo para que el niño vaya familiarizándose con el lugar y conociendo algunos de los profesores que va a tener.

Es importante señalar que si no se brinda este espacio, el niño puede encontrar otras formas desadaptativas de manifestar su desacuerdo, tristeza e incluso rabia por el cambio, lo cual sólo terminará perjudicando su desenvolvimiento tanto en el área social como también académica y en el aspecto disciplinario.

Finalmente, es importante mencionar que así como los niños van adaptándose a nuevos cambios, en los padres también ocurre lo mismo. Ellos son quienes deben cambiar el “chip” y tomar conciencia de que su hijo está creciendo y volviéndose más independiente. Es un proceso de crecimiento y adaptación de ambas partes, donde los padres deben acompañar y ayudar a lidiar con las ansiedades que pueden surgir en sus hijos, y, al mismo tiempo, con las angustias que puede generar el “dejarlos crecer”.

Bibliografía

LIDIANDO CON NUEVOS CAMBIOS

marzo 2019

 

Generalmente los padres suelen comentar y mostrar con orgullo las buenas notas o los logros deportivos de sus hijos. Sin embargo, también es importante sentirnos contentos cuando nuestros hijos logran expresar correctamente sus emociones, comparten con los demás,  escuchan y respetan las opiniones de otros.

Por esta razón, este mes consideramos importante abordar un tema que agobia tanto a los padres como a los niños que lo presentan: la autorregulación emocional.

A cualquier padre o madre de familia le ha pasado que, en algún momento, su hijo ha presentado una rabieta, molestia o llanto difícil de contener. Es normal que a algunos niños les cueste controlar más sus emociones debido a que a veces se les dificulta procesarlas, escapando de su mandato la intensidad con que las experimentan. Los padres suelen enfocarse en dominar esta situación sin entender la causa, por lo que, muchas veces no consiguen manejarla y se frustran al no poder contenerlos.

Pero, ¿qué es la autorregulación? y ¿cómo podemos promoverla en nuestros hijos? La autorregulación, es la capacidad del niño de poder manejar tanto las emociones que siente en ese momento, como su comportamiento, de acuerdo a las demandas de una situación específica. En otras palabras, es un conjunto de habilidades que permite al niño poder orientar su conducta hacia un determinado objetivo, a pesar de los factores externos o de sus propios sentimientos. La idea es que progresivamente el niño aprenda a manejar sus reacciones y además, pueda encontrar una manera eficaz de expresar sus emociones y comunicar lo que siente.

Para que los niños puedan llegar a lograrlo, primero debe entenderse que no sólo depende de ellos. Los padres, y el ambiente en general, juegan un papel fundamental para ayudar al niño a autorregularse. Por ello, el estilo de interacción familiar es crucial e interfiere en la comprensión emocional, la empatía y la autorregulación en los niños.

Entonces, si bien hay situaciones más complicadas que otras, tanto en un lugar público como dentro de casa, lo que se busca no es evitarlas, sino comprender y entender la causa del enojo del niño. El primer paso sería identificar qué factores pueden estar propiciando que el niño se desregule. El sueño, el cansancio y la poca tolerancia a la frustración pueden ser algunos de ellos.  Un niño cansado, que no ha dormido bien, que está enfermo o fastidiado por alguna situación familiar (celos, viaje de los padres, separación) estará más susceptible a alterarse o desregularse. Por otro lado, si está muy centrado en sí mismo, es de suponer que le cueste seguir los límites o tolerar los cambio y, probablemente le será difícil mostrar sus emociones de manera adecuada.

Una forma que puede ayudar a ir conectando lo que el niño siente y lo que le pasa con su reacción, es nombrar la emoción que estamos viendo. “Te veo  molesto porque tú querías seguir jugando y ya es hora de bañarse”; “Veo que estás llorando porque tu hermano no te quiere prestar su juguete”. Validar su sentimiento los alivia, ya que sienten que estamos sintonizando con su emoción. De allí la importancia de utilizar un “lenguaje emocional” que les dé herramientas para que más adelante ellos puedan utilizarlo.

Otro modo que puede favorecer la autorregulación es siempre “anticipar” a los niños lo que va a ocurrir o lo que esperamos de ellos. Por ejemplo decirles: “Te aviso que ahora que salimos, iremos a comprar comida para la semana. No compraremos juguetes ni dulces”. Así se preparan emocional y mentalmente al cambio o frustración que sabemos puede ocurrir.

Para fomentar este autocontrol es necesario que los padres empiecen por ellos mismos, ya que son los ejemplos más importantes para sus hijos. Recordemos que los niños siempre nos están observando y nosotros somos su referente continuo. Si en la familia hay desregulación, poca calma y constantes conflictos, no podemos esperar que este contexto ayude a una adecuada regulación.

La contención debe venir de los adultos quienes deben mantener el control para poder manejar las situaciones que se puedan presentar. Si el niño grita o llora y los padres gritan sobre él, no lograremos solucionar sino más bien incrementar la carga emocional. Tengamos presente que reaccionar a estos eventos con hostilidad sólo les enseñará a repetir esta conducta en futuras ocasiones, un abrazo o el cuerpo, contienen más que una palabra. A veces tendemos a hablar demasiado y conseguimos muy poco.

En este proceso será importante luego, acercarnos a ellos de manera calmada y paciente para poder ayudarlos a entender qué es lo que están sintiendo, dándole nombre y sentido a la emoción que presentan, explicarles porqué podrían estar experimentándola en ese momento o dejando que el propio niño pueda expresar con palabras el motivo de su disgusto. Además, cuando ya estén más tranquilos, deberá señalarse que sólo cuando comunican con palabras lo que sienten, quieren o piensan, es posible entenderlos. Así, estaremos favoreciendo que ordenen su mundo interno y aprendan a procesar sus emociones. 

Será necesario también recordarles ciertas reglas sobre lo que está permitido y no, sin utilizar amenazas o condicionantes, para así establecer límites claros. Incluso, cuando se les da una negativa deberá explicárseles el motivo de esta.  

Recordemos que debemos acompañarlos para que descubran su mundo emocional. Además, es preciso dejar en claro que para llegar a entender determinadas emociones, los niños necesitan crecer, madurar y experimentarlas por sí mismos. Por ello, debemos entender que ante una misma situación las sensaciones personales pueden ser muy diferentes, siendo así que minimizarlas a traducirlas erróneamente no ayuda al niño a entender y descubrir su mundo emocional de manera adecuada.

Por último, sería importante que la educación emocional esté presente en su día a día. Esto favorecerá que la gestión de sus emociones sea cada vez más fácil para ellos.

Bibliografía

MAMÁ, ¿CÓMO SE LLAMA LO QUE SIENTO?

abril 2019

Actualmente, la mayoría de las madres trabajan, pero se les hace difícil decidir entre lo que más les apasiona y lo que más aman. Tener un equilibrio entre las demandas laborales y el cuidado de los hijos no es una tarea fácil - más aún si estamos iniciando este proceso- pero es necesario para mantener un buen desempeño en ambos aspectos.

En ese sentido, muchas madres suelen tomar medidas que les ayudan a estar más cerca de sus hijos y, al mismo tiempo, no descuidar su desempeño ante demandas laborales, tratando de equilibrar, de alguna manera, entre el cuidado de los hijos y el trabajo. Otras, por darle mayor importancia a uno, le resta atención al otro. Incluso, algunas optan por abandonar el rol profesional, dedicándose plenamente a ser madres y olvidándose muchas veces de ellas mismas.

Respecto a ello, es necesario comprender que asumir la maternidad es difícil debido a que también se deben afrontar diversos cambios en el estilo de vida. Tal vez se deba postergar o dejar de lado algunas cosas que podían formar parte de la rutina diaria. Sin embargo, es fundamental tener espacios en los que se puedan realizar actividades fuera del rol materno, pues no es posible ser madres a tiempo completo.

En otras palabras, una madre debe adaptarse a las transformaciones que implica el cuidado de los hijos, pero también debe establecer espacios externos del hogar para dedicar cierto tiempo a actividades que sean parte tanto del aspecto laboral como también de recreación (por ejemplo: leer un libro, escuchar música, pintar, hacer ejercicios, yoga, etc.). Es sumamente saludable para toda persona no vivir en función a un único rol, pues es necesario demostrar y potenciar las distintas competencias que poseemos al desenvolvernos en los diferentes ámbitos de la vida.

Es importante recalcar que esto no implica dejar de lado el cuidado de nuestros hijos, puesto que no solo necesitan de nuestro tiempo sino también de calidad en los momentos que tenemos con ellos.  A través de las rutinas como darles de comer, bañarlos o jugar un tiempo con él/ella, significa que estamos cumpliendo adecuadamente con las tareas que son parte de ser madre. Los niños, en especial los más pequeños, necesitan de un vínculo, de alguien que cuide de ellos, que se preocupe por ellos y que atienda sus demandas.

Esto puede generar estrés en muchas ocasiones, pero es parte del reto que asumimos al ser madres. Por ello, en niños pequeños, podemos generar espacios para darles al menos una comida al día (ya sea biberón, papilla, etc.). Bañarlo y acostarlo también es una forma de pasar tiempo con ellos y fortalecer la conexión con nuestros bebés; leerles un cuento también contribuirá de manera positiva a nuestra relación con ellos. Del mismo modo, es indispensable brindarles espacios de juego, donde busquemos involucrarnos siguiendo sus intereses.

Con niños más grandes, podemos generar espacios donde compartamos una comida, como la cena. Si bien a veces tenemos que encargarnos de que cumplan con las tareas o las demandas del colegio, es importante organizar horarios de manera que haya  tiempo  para tener un espacio de juego,  en donde interactuemos de manera directa y fortalezcamos nuestro vínculo. Asimismo, el momento de ir a dormir también puede ser un espacio donde nos vinculemos más con nuestros hijos, conversando sobre lo ocurrido en el día o contándoles cuentos.

Busquemos brindarles a nuestros hijos amparo, contacto corporal, palabras cariñosas, miradas, y estar disponibles emocionalmente para ellos. Nuestras historias de vida nos han marcado a cada una de una forma única, e igual lo haremos con nuestros hijos. No existe una madre perfecta, hay momentos donde la carga nos rebasa y sentimos que perdemos la paciencia y el rumbo de las cosas. Sin embargo, recordemos que nuestros hijos necesitan de nosotros, dejémonos guiar por nuestros instintos maternales y fortalezcamos el vínculo con ellos.

En esta línea, es favorable recalcar el beneficio que tiene la reincorporación laboral luego de un tiempo de crianza. Ya que el trabajo contribuye  a sentirse capaz, más allá del cuidado de lo hijos; pudiendo así llegar recargada  de energías después de realizar una actividad que le gusta, su trabajo. Además, el trabajo amplía el mundo de la madre, permitiéndole socializar y tener interacción con más personas fuera de su casa o en relación a sus hijos.

Finalmente, desde el Centro Vinculare, consideramos que es importante incentivar en las madres la toma de su rol de manera consciente y apropiada al momento de criar, amar y tener un vínculo más libre con sus hijos, sin olvidar la dedicación que deben brindarle a otros aspectos de su vida. De esta manera, se puede balancear la maternidad y el ámbito laboral, logrando así la satisfacción tanto del rol materno como también del rol profesional.

Bibliografía

mayo 2019

MAMÁ: ROL PROFESIONAL Y MATERNO

 
 

En la actualidad, debido a la velocidad con que vivimos, el estrés que genera el trabajo o las múltiples ocupaciones en que están inmersos a muchos padres les cuesta establecer límites claros y asertivos acorde a la edad de sus hijos. Así mismo, alcanzar un equilibrio entre ser demasiado estrictos o demasiado permisivos dentro de su rol en la crianza.

Los niños necesitan ciertas pautas que los ayuden a guiar su comportamiento, lo cual es fundamental para su desarrollo. Por ello, la infancia es el mejor momento para ayudarlos a desenvolverse adecuadamente en su entorno. En este proceso, es sumamente importante la presencia del padre como una figura que brinda cuidado y afecto. Una forma de expresarlo es por medio del establecimiento de reglas de manera concreta y firme (ser consistentes con lo que decimos y hacemos), pues así estaremos ayudándolo a ordenarse, mientras se facilita la autorregulación a través del aprendizaje y la interiorización de normas.

Para llegar a ello, podemos utilizar la asertividad como base de nuestro actuar. Pero, ¿qué es la asertividad?, Marco Marueta la define como “la habilidad para actuar o expresar las ideas y sentimientos propios de manera adecuada, es decir, en forma serena, sin manifestar ansiedad o agresividad ante una o más personas” (Guía infantil, 2018).

De esta manera, ser un padre asertivo es saber poner límites a nuestros hijos, comunicándoselos de manera precisa, firme; sin agresividad. Por ello, podemos utilizar palabras sencillas y el tono de voz adecuado en el momento y tiempo oportuno para dar a entender lo que queremos ante conductas no apropiadas.

Algo importante para tomar en cuenta es procurar no dejar interrogantes en el niño para que se pueda transmitir el mensaje sin conflicto. Sin embargo, si estas aparecen será importante brindarle al niño las explicaciones pertinentes con el fin de esclarecer sus dudas.

Asimismo, podemos conectarnos con nuestros hijos a través de la mirada, sus gestos, su postura y su actitud cuando le está hablando. De esta forma, le estamos expresando al niño nuestro interés por él y sus necesidades. Por esta razón, es muy importante dejar de lado cualquier otra actividad o incluso los dispositivos electrónicos que muchas veces pueden tener nuestra atención para darse un tiempo en comunicar claramente lo que se quiere dar a entender.

Así también, tratemos de no confundirlos con nuestra conducta o actitud. Por ende, exterioricemos en lo posible un comportamiento coherente. En esta línea evitemos mostrarnos pasivos algunas veces, sin decirles nada, o agresivos en otras, castigándolos ante las conductas que presenten nuestros hijos y nos cueste manejar. Además, intentemos no atribuirle una característica a la personalidad del niño por un error específico; por ello, la importancia de tener cuidado al momento de transmitir el mensaje.

En ocasiones, llegar cansados después de un día largo en el trabajo, puede generar que reaccionemos de manera agresiva con nuestros pequeños, entrando de frente a poner pautas o límites desde que pisamos nuestra casa. Incluso podemos recurrir a las amenazas y a los gritos, que pueden surgir por el estrés del momento.

Esto puede generar también fastidio o tristeza en nuestros niños, quienes nos esperan para compartir al menos un momento con nosotros, pues no nos han visto en todo el día. Por ejemplo, si nuestro hijo se está trepando a una repisa alta, en vez de gritarle o castigarlo por realizar ese comportamiento, podemos explicarle que no es posible que se suba allí porque puede hacerse daño, y lo estamos cuidando; decirles que si necesita algo puede avisarnos para que se lo alcancemos.

Al momento de ponerle límites a nuestros hijos, comencemos validando lo que desean expresarnos con su comportamiento, reconociendo así su enojo, frustración o sus ganas por querer hacer algo en ese momento. Luego, comuniquemos la pauta o indicación, explicando que probablemente no sea el momento adecuado para ello o incluso señalar la consecuencia de su conducta. Finalmente, podemos brindar una solución adecuada para la situación.

Por ejemplo, si estamos cocinando y de repente vemos que nuestro pequeño está con un cuchillo filudo en la mano, tratando de cortar alguna verdura que se encuentra sobre la mesa. En vez de gritarle o castigarlo por esta acción, podemos decirle que entendemos que nos quiera ayudar a cocinar, pero que no es posible que use ese cuchillo pues puede hacerse daño. Además, es bueno acompañar este límite de una solución diferente, por ejemplo, decirle que nos ayude a limpiar y poner la mesa mientras nosotros terminamos de cocinar.

Hoy en día, muchos padres se encuentran sobrecargados con la demanda de trabajo, llegando a su casa cansados y sin muchas ganas de interactuar con sus hijos pequeños. Es normal que en ocasiones prefiramos llegar a dormir o ver nuestra serie después de una larga jornada laboral; pero también es necesario dedicarles tiempo a nuestros hijos, pues nosotros también somos parte importante de su vida, quienes muchas veces nos esperan despiertos para jugar al menos 10 minutos con nosotros.

Una buena forma de vincularnos con ellos es al momento del juego o del baño. Es en el juego donde podemos interactuar abiertamente con nuestros niños, dejando fluir nuestra imaginación y dejándonos abrazar por el disfrute del mismo. Mientras que, el baño es un espacio de mayor intimidad con nuestros hijos, siendo una forma de participar directamente de sus cuidados básicos. Ambas actividades nos ayudan a trabajar el vínculo con nuestros pequeños y a mejorar nuestra relación con ellos, he ahí la importancia de realizar al menos una actividad de la rutina diaria de nuestros hijos. Por lo cual, es importante poder equilibrar nuestro rol profesional con el cuidado de nuestros pequeños, no delegando este último solo a la madre.

Desde el Centro Vinculare, consideramos que el padre también es partícipe en la crianza de su hijo y, por ende, debe trabajar en conjunto con la madre, guardando congruencia entre lo que ambos pueden decir y/o hacer y estableciendo un equilibrio entre ser claro y directo, y al mismo tiempo, afectuoso. Asimismo, es importante mantener la coherencia entre lo que se piensa, se dice, se siente y se lleva a cabo. De esta manera, el padre al poner ciertos parámetros a la conducta de su hijo, contribuirá a crear un espacio seguro para que pueda desarrollarse, ayudando así adecuadamente a su proceso de crecimiento y fortaleciendo el vínculo seguro y cálido que puede tener con este.

Bibliografía

¿CÓMO SER PADRE HOY EN DÍA?

junio 2019

 

Desde que somos pequeños, nos enseñan que debemos querer a nuestro país, ayudar a cuidarlo, aceptar las diferencias, respetar las normas de convivencia y comportarnos adecuadamente con el fin de construir una identidad que nos haga sentirnos parte de él. Sin embargo, la realidad nos confronta con los hechos, y nos lleva a preguntarnos si, realmente estamos transmitiendo adecuadamente a nuestros hijos, un adecuado modelo de ciudadanía.

El mayor problema que enfrentamos es el poder traducir toda la teoría sobre ser un buen ciudadano a la práctica cotidiana, lo que se complica aún más cuando nuestros hijos son pequeños. Pensamos que el ejemplo es el medio más adecuado para poder hacerlo. Somos nosotros los adultos, quienes debemos demostrarles con hechos tangibles los valores que buscamos repliquen en el futuro.

Por ello, debemos tomar conciencia de nuestro propio actuar, dándonos cuenta si realmente estamos inculcando los principios que queremos para nuestros hijos. Aún más importante, si estamos siendo coherentes entre lo que decimos y hacemos.

En ese sentido, la construcción de la ciudadanía se da paso a paso. Enseñémosles, en primer lugar, a respetar y cuidar su entorno inmediato con el ejemplo. Una buena forma de empezar es en el parque, en sus juegos, cuidando las cosas que usamos porque no son solo nuestras. Valorando que debemos dejarlas bien para la siguiente persona que las necesite. De esta forma, también estamos favoreciendo el poder pensar en el otro y no sólo en nosotros mismos y nuestras necesidades.

Así también, podemos fomentar el trato amable y respetuoso en nuestros hijos por medio de nuestro propio comportamiento al interactuar con los demás. Seamos solidarios y compartamos con las personas que nos rodean. Podemos empezar con las personas que trabajan en nuestra casa, inculcando el buen trato y el respeto.

Otro ejemplo a tener en cuenta es cuando nos quedamos atascados en el “hermoso” tráfico limeño, el cansancio, fastidio y calor del momento puede generar que expresemos frases en contra de nuestros compatriotas: términos como “cholo”, “indio, “serrano”, suelen ser usados de forma despectiva. Y los niños están a nuestro lado escuchando. Todos lo hemos hecho en algún momento, aceptarlo es parte de poder reflexionar para generar otro tipo de conductas positivas. Tengamos en cuenta que el respeto por los otros, se construye desde acciones cotidianas, en donde valoramos a la persona, más allá de sus características raciales,  físicas o culturales y como adultos somos modelos coherentes con lo que expresamos.

Otra forma podría ser  asistiendo con nuestros hijos a las actividades que proponen nuestros distritos como algún evento en el parque o alguna actividad comunitaria. Así les vamos transmitiendo que pertenecen a un grupo, a una comunidad y se promueve el trabajo en equipo y la armonía entre las personas.

De igual manera, podemos incentivarlos a tener una voz propia, para lo cual también debemos poner de nuestra parte escuchándolos y tomando en cuenta sus opiniones. Si bien debemos establecer límites, podemos incentivarlos a pensar y a tomar decisiones dentro de estos. El hogar es el primer espacio para cultivar los valores, los cuales más adelante contribuirán al desarrollo de su identidad peruana.

En niños más grandes, se puede reforzar la enseñanza sobre el respeto a la diversidad y a las diferentes costumbres, fortaleciendo así su identidad peruana que no solo es un sentimiento de pertenencia al país, sino que también forma parte importante del autoconcepto de las personas. En esta línea, sería conveniente mostrarles lo característico de cada cultura. Esto ayudará a practicar la tolerancia hacia lo diferente que pueden ser las personas y favorecerá la identificación y la valoración con lo que le pertenece a nuestro país.

Una manera de hacerlo es visitar distintos lugares donde se les pueda mostrar la belleza de nuestro Perú, lo ricas que son sus comidas, lo bonito que suena la música peruana cuando la escuchamos. Así también, pueden ir a sitios donde se hable de la historia de nuestro país o tal vez podemos leerles cuentos e historias de autores nacionales. Aprovechemos estos feriados por 28 de julio para acercarlos y familiarizarlos con las costumbres peruanas.

Otro gran ejemplo puede darse el 31 de octubre, el día en que  se celebra a la canción criolla. Valorar la música y danzas de nuestro país permite afianzar a través del arte, el sentido de pertenencia.

Desde el Centro Vinculare, consideramos que es importante que desde pequeños se les ayude a los niños a involucrarse con su país. Los padres pueden favorecer este acercamiento desde casa con acciones cercanas y concretas, buscando lo que es pertinente mostrarles según su edad. Este aprendizaje debe ser constante y debemos asegurarnos que va siendo interiorizado por nuestros hijos. 

Bibliografía

¿CÓMO AYUDAR A CONSTRUIR LA IDENTIDAD PERUANA EN NUESTROS NIÑOS?

julio 2019

 

Actualmente, vivimos en una época caracterizada por el uso de diversas tecnologías. Por lo cual, es habitual que nuestros hijos sean criados, incluso desde antes de nacer, con aparatos electrónicos, los cuales muchas veces suplen los momentos de juego libre. Y en el día a día, vamos!....¿quién no lo ha hecho? cuando estamos cansados, les damos la tablet o el celular cuando nos piden jugar.

Muchas veces creemos que los aparatos tecnológicos pueden ayudarnos a calmar a nuestros hijos o a mantenerlos entretenidos cuando queremos que estén tranquilos. Si bien es un recurso rápido y eficaz, tenemos que considerar la cantidad de tiempo que los estamos dejando frente a estos, sin supervisión y sobre todo, reflexionar sobre la poca presencia nuestra, como padres. Sin querer, la cotidianeidad nos gana y es cada vez menos, el tiempo en que estamos disponibles para nuestros hijos.

Tomar conciencia de ello es fundamental para comenzar a retomar un juego más activo. Debemos entender que el juego es el lenguaje y la mejor vía de expresión de un niño. Por medio de este, pueden expresar sus emociones y sentimientos, procesarlos y regularse emocionalmente. Del mismo modo, interactuar con su entorno y comunicar muchas cosas que tal vez no puedan transmitir con las palabras.

Por ello, debemos dejar espacios de nuestro día para compartirlos con ellos y disfrutar juntos de actividades lúdicas Sabemos que después de un largo día de trabajo es natural llegar a nuestras casas y no tener todas las energías para jugar con nuestros niños. También puede ser que no sepamos cómo hacerlo y que nos resulte difícil, tendiendo a observarlos a la distancia mientras hacemos otras actividades.

En primer lugar, queremos destacar la importancia del juego libre, en donde es el niño quien propone sus escenarios, personajes y materiales. Nuestra presencia será la de acompañantes de ese juego. Es decir, seguir su iniciativa sin interrumpirla o reformularla. Muchas veces, tendemos a interferir con preguntas de tipo pedagógico, como “¿de qué color es …?” o “¿qué forma tiene?”. También, ocurre que queremos cambiar la idea del niño (“mejor que el perrito no haga eso…”) lo que irrumpe y nos distancia de su propuesta espontánea. ¡Nada hace más feliz a un niño, que el adulto y que mejor que sus padres,  sigan su propuesta y respeten sus ideas! De este modo también reforzamos su seguridad y desarrollo emocional.

Así también, en el juego libre, se requiere de la presencia de los padres o cuidadores, los cuales deben supervisar que el espacio sea adecuado y seguro sabiendo que siempre en la exploración natural podrá haber caídas, golpes o uso inadecuado de algún material nuevo. De allí la importancia de anticiparles los cuidados y algunas reglas para su propia protección pero sin exagerar e inhibir su iniciativa. Los límites deben ser claros y precisos,  siempre con el objetivo de facilitar los momentos lúdicos.

Otra opción de juego es el propiciar lugares libres y naturales. Por ejemplo, podemos llevarlos al parque, siendo este un espacio intermedio donde los niños pueden jugar de modo individual o interactuar con otros pequeños de su edad. Allí van aprendiendo a compartir, tolerar la presencia de otros y a disfrutar de su compañía. Por otro lado, se fomenta la actividad física así como el contacto y cuidado de la naturaleza. En general, la finalidad es poder establecer momentos que permitan reforzar el vínculo afectivo con ellos, y mantener una conexión entre ambos lados.

Es necesario mencionar la importancia de que los niños establezcan su propio ritmo de juego, ya que todos los niños son diferentes. Por ejemplo, nuestro primer hijo puede disfrutar jugando a las escondidas mientras que el segundo puede gustarle explorar y jugar con insectos. Por otro lado, es importante considerar que la falta de estímulos tiene repercusiones en ellos, del mismo modo que el exceso de estos puede ser perjudicial. Por ello, dejémoslos utilizar los objetos con los que se sientan a gusto y tal vez ayudémoslos a encontrarlos, sin sobre estimularlos, pues el cerebro de los niños necesita de un tiempo para procesar todo lo que aprende a través del juego. Lo mismo sucede con supervisar que el juego sea acorde a su edad, pues la sobreexigencia puede ser perjudicial en tanto satura sus habilidades, genera ansiedad y preocupación, lo cual puede repercutir en su adaptación al entorno cercano.

Desde el Centro Vinculare, consideramos que el juego es la herramienta más importante que tiene el niño para  regular sus emociones, desarrollar su imaginación  y favoreces múltiples aprendizajes. Por medio de este, los niños mantienen un acercamiento con su entorno, conociendo, procesando e incorporando la realidad. Además, estimula diversos aspectos como la comunicación, creatividad, socialización así como su desarrollo sensorial, mental, emocional y psicomotor. Asimismo, lo ayuda a ordenar su mundo interno y a conocerse mejor, lo cual facilitará su adaptación al ambiente en base a sus propias características. Todo ello lo preparará para tener un buen funcionamiento y desenvolvimiento en el futuro. Cabe indicar que, en este proceso, será fundamental que los padres se involucren, acompañándolos y disfrutando de esta experiencia, lo cual también fortalecerá el vínculo que puedan tener con ellos.   

Bibliografía:

¡JUGUEMOS!

agosto 2019

 

Cada niño es un mundo distinto según sus potencialidades, intereses y cualidades. Los padres muchas veces tienen en mente la idea de que sus hijos sean los mejores en todo lo que hacen. De esta manera, tienden a compararlos y a uniformizar el desarrollo que tienen, con el de los demás. Por ejemplo, cuando se piensa que todos los niños deben aprender a caminar, hablar o leer y escribir a una determinada edad. Así, muchas veces guiados por la presión del entorno, les exigen y les transmiten que sean competitivos. Por ello, los niños empiezan a compararse con sus pares y buscan mejorar en base a los logros del otro, sin percatarse de lo que pueden hacer ellos mismos. Esto interfiere en la mirada que pueden tener de sí  y en su autoestima.

Como adultos que estamos a cargo de su cuidado, debemos comprender que cada niño tiene su propio ritmo de aprendizaje, por lo que, unos pueden conseguir algunas cosas en menos tiempo y a otros les puede costar un poco más. Por ejemplo, algunos niños pueden caminar solos antes del año, y otros lograr esto después de cumplir esa edad. Otro ejemplo claro es el control de esfínteres, algunos niños de 2 años pueden controlar sus esfínteres mientras que otros niños logran lo mismo más adelante.

De manera similar, podemos decir que algunos niños pueden contar con mayores habilidades para algunas cosas, mientras que otros no. Por ejemplo, Luis puede disfrutar la clase de ciencias y ser muy bueno en ella, mientras que a Juan le cuesta este curso. Esto no implica que Juan no tenga habilidades en este aspecto solo que su procesamiento de la información aún requiere de mayor desarrollo, o a lo mejor sus preferencias e intereses están centrados en otros temas. Además, si bien puede no ser el mejor en clase de ciencias, no implica que se encuentre por debajo de sus compañeros, ya que puede presentar habilidades como la narración de cuentos o para los deportes.  

En otras palabras, podemos decir que “ningún niño es igual a otro y no se puede exigir lo mismo a todos. Las capacidades de los alumnos pueden ser muy diferentes entre sí y se debe tener en cuenta para respetarlo y que los niños no caigan injustamente en la frustración de sus posibilidades por haber sido tratados de forma inadecuada y sin haber sido respetados en cuanto a su ritmo de aprendizaje” (Roldán en Etapa Infantil, 2016). En este sentido, es importante tomar conciencia de qué le estamos transmitiendo a nuestros hijos. Hay que motivarlos a lograr las cosas que se proponen, siendo un apoyo para ellos y respetando sus ritmos. Además, acompañar esta idea rescatando que no es necesario tener éxito y ser el mejor en todo

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Las exigencias del colegio ponen a nuestros hijos en una posición de constante comparación con sus amigos o compañeros de salón. Muchas veces los profesores esperan que todos los niños aprendan cosas nuevas a la misma velocidad y a la misma edad. Por ejemplo: aprender a leer entre los 5 y  6 años. Programan y evalúan actividades, esperando que se obtengan los mismos resultados, lo que señala poco conocimiento del desarrollo madurativo de sus alumnos. Es así que promueven un espíritu competitivo (notas, exámenes, premios) que lleva a los niños a sobreexigirse, desmotivarse o frustrarse cuando no pueden conseguir lo que se espera de ellos.

Como hemos visto, es importante ayudar a nuestros hijos a entender que cada quien tiene su propio proceso de aprendizaje, y que sin bien algunos son más rápidos para algunas cosas, otros pueden ser buenos para cursos o actividades diferentes. Claro está que es necesario que desarrollen una serie de aprendizajes, pero podemos ayudarlos a quitarles la presión de encima, dejando de compararlos con sus amigos y más bien incentivarlos y ayudarlos a adquirir destrezas y habilidades desde la calma y motivación.

No olvidemos cómo nos sentíamos cuando nuestros padres nos exigían muchas cosas y la frustración que podía generar en nosotros, al no poder cumplir con sus expectativas. Esto puede saturar sus potencialidades y generar dificultades a nivel emocional. Además, debemos de tener en cuenta que nuestros hijos están en una etapa en la que aún se encuentran construyendo su identidad.

La sobreestimulación no es buena para los niños. Por ejemplo, desde que están en en el vientre materno, hemos escuchado que “sería adecuado” hacerlos escuchar música en inglés, y así de grandes se les facilite aprender el idioma. Luego, después que nacen, “que sería bueno tengan diferentes actividades para que estén ocupados y desarrollen deportes, danza, gimnasia, entre otros, demandándoles gran cantidad de energía. Esto, no sólo les quita tiempo e impide que procesen sus emociones, sino que no les permite tener un espacio para que puedan hacer lo que ellos gusten libremente; olvidándonos que la creatividad, imaginación y tiempo libre son necesarios en su desarrollo.

Desde el Centro Vinculare consideramos que es sumamente importante enseñarles a amarse y valorarse a sí mismo desde sus diferencias. En ese sentido, es adecuado apoyarlos y acompañarlos mientras potencian y mejoran sus propias herramientas para enfrentarse a la vida cuando no estemos presentes. Asimismo, como padres que tenemos una influencia bastante cercana en nuestros hijos, debemos dar el ejemplo. Por ende, respetemos el propio ritmo de aprendizaje que tienen para que aprendan a respetar a los que pueden ser diferentes a ellos. Esto los preparará al contacto que puedan tener con otras personas, ayudándoles a tener más apertura y sensibilidad con niños que presentan dificultades y necesidades especiales.

Bibliografía:

setiembre 2019

ACOMPAÑEMOS EL DESARROLLO DE NUESTROS NIÑOS

Todos sabemos que es importante que a nuestros hijos les vaya bien en el colegio, que sepan leer y escribir, que puedan hacer operaciones matemáticas y aprendan nuevas cosas de historia. Pero…¿qué pasa con las habilidades blandas?

Para ello debemos entender primero a qué nos referimos por habilidades blandas. Se trata de un grupo de  habilidades asociadas con la personalidad y naturaleza de las personas que van a facilitar la interacción con los demás de manera efectiva para poder establecer vínculos sanos. En ese sentido, impulsar el desarrollo de la creatividad, la imaginación, la sensibilidad, el manejo de sus emociones, la espontaneidad así como de las habilidades interpersonales para una comunicación efectiva verbal y no verbal, la empatía y el trabajo en equipo favorecerán un mejor funcionamiento en el ámbito laboral, afectivo y en la calidad de vida.

“Un estudio llevado a cabo por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) demostró que para tener un futuro exitoso el desarrollo de las habilidades blandas a temprana edad tiene una gran incidencia. Además, esta estimulación temprana generaría una gran brecha entre quienes las han desarrollado a lo largo de su vida y quienes no” (Fmdos, 2019).

De allí la importancia de incentivar no solo el lado intelectual en nuestros hijos, sino también un lado más social y de interacción con los otros. Del mismo modo,  potenciar ese lado más artístico y creativo. Por lo cual, la realización de habilidades artísticas facilita las habilidades de comunicación de los niños, permitiéndole no sólo dar a conocer sus inquietudes, problemas, sino también el poder expresar sus puntos de vista y ser entendidos por los otros.

Las habilidades blandas también desarrollan la capacidad de ponerse en el lugar del otro (empatía), escuchar, tolerar y aceptar sentimientos y pensamientos diversos, lo que permitirá más adelante poder resolver conflictos y situaciones sociales.

Para poder lograr este desarrollo, debemos de considerar las características de cada niño, tomar en cuenta sus intereses y así  a través de actividades y espacios que los motiven, logremos estimularlas de modo placentero.

De igual forma, es sabido que realizar actividades de índole más artística puede tener repercusiones positivas en los niños. Por ejemplo, la música puede ayudar a generar nuevas conexiones que terminan repercutiendo positivamente en el entendimiento de las matemáticas. De igual forma, el teatro puede ser un ambiente que favorezca el desenvolvimiento de niños que ante situaciones sociales puedan ser más tímidos.

Es importante recalcar que cada niño es un mundo totalmente diferente. Por lo tanto, considerar que lo que le gusta y funciona a mi hijo mayor o a mi sobrino, puede no funcionarle o gustarle a mi hijo menor. Por ello, la necesidad de escuchar sus intereses antes de decidir inscribirlos a talleres o espacios.

Desde el centro Vinculare les proponemos algunos espacios a los cuales pueden llevar a sus hijos, incentivándolos a realizar actividades de índole más artísticas o expresivas como:

  • Agárrate Catalina

  • Descubrir : Psicomotricidad Aucouturier

  • Creer/Creativarte

  • Taller de Claun CAFAE

  • Caballete Azul

  • TAE Taller de Artes Expresivas

  • Polila Centro de Artes Expresivas

 

Bibliografía:

octubre 2019

LAS HABILIDADES BLANDAS EN LA INFANCIA

 
 

El estilo de vida del siglo XXI y los grandes cambios que se han generado, han influenciado en la manera de llevar la parentalidad. Las exigencias laborales, el crecimiento profesional de las madres, la lucha constante por alcanzar mejores niveles de vida, entre otros, les demandan a los padres un manejo diferente del tiempo, por lo que, ha sido necesario contar con personas de apoyo que ayuden a cuidar a los hijos durante su ausencia.

Elegir una, no es tarea fácil, pues estamos hablando de la persona que muy probablemente pasará mucho tiempo con nuestros niños. Por esta razón, debemos atender ciertos detalles, ya que es una forma de asegurarnos el cuidado adecuado hacia nuestros hijos. En ese sentido, se deben considerar algunas características como el ser responsable, empática, cariñosa, con experiencia y flexibilidad para ajustarse a las necesidades del niño. Así también, deberá demostrar capacidad para poner límites con afecto cuando se requiera. Todo ello facilitará una buena relación y vínculo con los niños, ya que es lo más importante.

De igual manera, es natural que surjan muchas interrogantes en relación a cuál será el límite de funciones, si competirá con el cariño de los hijos hacia la madre y si su figura  tendrá mayor impacto en ellos. Si bien su labor diaria puede aliviar la carga y ser de gran ayuda para nosotros, no podemos desentendernos de nuestro rol como padres en la crianza de nuestros hijos. De allí la importancia de continuar con los cuidados básicos, tales como: el baño, el ritual para acostarlos  e incluso la comida. Son momentos importantes de interacción afectiva que fomentan el vínculo padres e hijos y dan seguridad emocional.

Por otro lado, nuestros hijos, al pasar mucho tiempo con las nanas, pueden llegar a establecer un vínculo muy cercano  con ellas. Esto, en algunas situaciones, puede generarnos miedo o fastidio, pensando que la relación que tienen puede ser mejor que la que establecen con nosotros. Sin embargo, debemos tener en claro que el cariño que sienten por ellas es distinto  y en ningún sentido lo reemplaza.

En esta línea, es importante seguir fortaleciendo la relación que tenemos con nuestros pequeños. Para esto, debemos darles nuestro tiempo y demostrarles nuestro cariño. Es así que, recomendamos que “cuando vuelvas a casa, le dediques a tu hijo un tiempo que sea exclusivamente para él, hablar, jugar, bañarle,  y siempre demostrarle lo mucho que lo quieres” (Bebés y más, sf).

Hay ocasiones en las cuales nos enteramos que las nanas fueron muy permisivas o por el contrario, pudieron asustarlos con algún castigo o reprimenda. De allí la importancia de transmitirles a ellas, nuestro estilo de crianza, para que no haya diferencias con los límites que les ponemos a nuestros hijos, ni tampoco se les dé un doble mensaje que pueda confundirlos. Por ejemplo, al momento de hacer las tareas, ver televisión o salir al parque. Conversar con ellas sobre cómo sobrellevar los momentos difíciles, dándoles pautas de cómo manejarlos, será de gran ayuda pues permite anticiparnos y apuntar al mismo norte, con el cuidado y crianza de nuestros niños.

Actualmente, “para ser niñera entonces no basta con ‘amar a los niños’, se debe considerar como un trabajo de tiempo completo que requiere muchas habilidades y conocimientos específicos para ser buenos cuidadores. Ser niñera es un oficio que conlleva riesgos y responsabilidades, pues serán las encargadas de educar e inculcar valores a los más pequeños, en ausencia de los padres” (Crianza y salud, 2017).

Finalmente, es importante considerar que cuando se deja de prescindir de este apoyo o ante el cambio de cuidadora, se debe conversar del tema con nuestros hijos y explicárselos, anticipando así la ausencia de esta persona en sus vidas.

Tendremos que tener en cuenta que vivirán momentos de tristeza debido al vínculo cercano que pudieron establecer. Asimismo, debemos calmar la angustia que puedan sentir respecto a quién se ocupará de cuidarlos. Por ello, se les debe asegurar que, nosotros, sus padres siempre estaremos con y para  ellos.

Bibliografía

noviembre 2019

EL ROL DE LAS CUIDADORAS DE APOYO

 

¡Llegó el fin de año! Un año de aprendizajes y nuevas experiencias para nuestros niños. ¿Qué ha significado para ellos? ¿Han tenido experiencias positivas que los han ayudado a crecer y desarrollarse?

El fin de un año escolar trae consigo la despedida de la profesora y compañeros/as que compartieron momentos importantes con nuestros hijos. Se cierran etapas y se preparan para cambios y nuevas experiencias. Asumirán diversos retos tanto en el ámbito académico como socioemocional. Por ejemplo, para los más pequeños, dejar el Nido y empezar la etapa escolar en un nuevo colegio, es un gran cambio.

Muchas veces creemos que nuestros niños pueden adaptarse fácilmente a los cambios y que no “sufrirán” por ellos. Sin embargo, es importante considerar que este es un proceso que puede costarles, pero que con el adecuado acompañamiento podrán enfrentar estos momentos difíciles. Del mismo modo, como padres, debemos ser cuidadosos y respetar sus tiempos para ello. No forzarlos ni depositar expectativas como, por ejemplo, pretender que no extrañen a sus amigos, sus profesoras y los espacios que tanto tiempo frecuentaron. O pensar que estarán felices de empezar algo nuevo y harán amigos rápidamente. Esto podría entorpecer su adaptación al cambio e incluso rechazarlo. Ellos tendrán que tomarse un tiempo para aceptar un nuevo espacio o situación.

De allí la importancia de brindarles un espacio seguro para procesar estas situaciones por medio del diálogo y la empatía con lo que están sintiendo y así   puedan expresar sus emociones.

Los cambios no sólo pueden generar tristeza, también pueden originar temor y hacerlos sentir inseguros. Por ello debemos considerar que cada uno expresará de una manera distinta el desconcierto, la inseguridad o el estrés. Debemos estar muy atentos a las manifestaciones que nos dan nuestros niños sobre lo que piensan o sienten y estar dispuestos y preparados para acompañarlos a procesar estas situaciones. Para ello, sería bueno anticiparles el cambio y mencionarles que está bien sentir miedo y estar triste, pero que, como padres, no los dejarán solos, sino que estarán presentes para ayudarlos.

Las vacaciones nos permiten tener un respiro de lo cotidiano y pueden ser un tiempo que permita facilitar las transiciones. Podemos aprovechar en prepararlos para lo que vendrá en el corto plazo. Una forma de hacerlo es pasar más tiempo con ellos. Por ejemplo, realizar actividades al aire libre, ya sea desde ir al parque hasta salir a pasear a nuestra mascota. Compartir juegos, llevarlos a la playa, motivarlos a experiencias libres y creativas que les den seguridad y reafirmen nuestra presencia y cuidado. En este sentido, podríamos disminuir las horas frente a la consola de videojuegos o al televisor, y buscar actividades distintas como leer un cuento, dibujar, realizar experimentos o hacer manualidades.

Además, para ayudar a los niños pequeños con el inicio del Nido o a los niños más grandes con el cambio de colegio, se recomienda hacer visitas al centro educativo para que vayan familiarizándose con el lugar. Así como también ir conociendo algunos de los profesores que tendrán el próximo año; de esta forma se facilitará la apertura y disposición a esta nueva etapa.

Finalmente, como padres será conveniente reflexionar sobre todo lo avanzado y hecho durante el año, en relación a nuestros hijos, y prepararnos para los retornos, cambios y experiencias que trae el nuevo año, por los que transitarán no sólo nuestros hijos, sino nosotros como padres.

Bibliografía:

diciembre 2019

LOS CAMBIOS A FIN DE AÑO

Centro Vinculare © 2020 

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