ARTÍCULOS 2017

 

LAS VACACIONES: ESPACIO PARA DIVERTIRSE, EXPLORAR Y COMPARTIR EN FAMILIA

febrero 2017

La importancia de que las personas tengan vacaciones reside en el rol que juegan para mejorar la calidad de vida de la mayoría de estas, ya que sirven como un espacio alternativo, de ocio, fuera de la rutina y en el que se puede descansar o hacer actividades para desestresarse. Las vacaciones tendrán un significado diferente para cada persona y en cada etapa de su vida (Dolnicar, Yanamandram& Cliff, 2012).

Especialmente para los niños y niñas, las vacaciones resultan importantes porque son un espacio donde esperan divertirse (Hilbrecht, Shaw, Delamere&Havitz, 2008). Por ello, se considera relevante que los niños y las niñas puedan elegir actividades que les gustan para realizarlas en este periodo. La importancia de poder elegir hacer algo que disfrutan, y usar su tiempo libre en forma creativa, les da confianza, aumentando su autoestima y autonomía (MINSA, 2015).

Se recomienda inscribir a los niños y niñas en talleres con actividades que disfruten, de tipo recreativas (música, teatro, pintura, danza, clauns, etc.), culturales y deportivas. Se considera importante buscar un espacio diferente al colegio, pues es en este donde se desenvuelven a lo largo del año. La idea es dejar de lado las actividades más estructuradas. Ya que, durante el año están dedicados a eso de manera continua y exigente, por lo que, muchos niños y niñas terminan agotados del espacio académico. En esta época de vacaciones, resulta provechoso que realicen actividades más libres y que ellos encuentren divertidas. También se desarrollan sus habilidades personales mediante estas (MINSA, 2015; 2016).

 

De otro lado, los niños y niñas valoran las vacaciones porque pueden ser una oportunidad para hacer algo distinto a lo cotidiano, y en la que se exploran lugares nuevos. Sin embargo, las actividades novedosas son más disfrutadas si se realizan junto a adultos y familiares que brindan la seguridad y estabilidad frente al explorar y probar algo nuevo. También resultan relevantes porque les permiten relajarse, aprender cosas nuevas y sentir mayor autonomía, libertad y flexibilidad (Hilbrecht et. al, 2008). En ese sentido, también se recomienda realizar paseos a lugares novedosos, como museos, centros históricos, atractivos turísticos o parques de diversiones; viajes familiares dentro o fuera del país. Así como salir a explorar la naturaleza en el parque, la playa u otros espacios. También es oportunidad para aprender junto con los padres un juego nuevo o una tarea de ayuda en el hogar que no se haya explorado antes y que sea de interés para el niño o niña.

Otro aspecto que resulta importante para los niños y niñas, es que las vacaciones sean un espacio para compartir en familia y reforzar las conexiones interpersonales con los miembros de ésta, tanto con padres como hermanos, tíos, primos y abuelos (Hilbrecht et. al, 2008). Por ello, como padres, también es importante poder organizar las vacaciones del trabajo para coincidir con los hijos e hijas, valorando este espacio de vacaciones para compartir el disfrute, descansar juntos, conocer y comprenderlos mejor; y afianzar los vínculos familiares (Hilbrecht et. al, 2008; MINSA, 2015).

Finalmente, consideramos relevante tener en cuenta la edad y las particularidades de cada niño y niña, al momento de planificar junto a él lo que se realizará, de forma que puedan disfrutar las vacaciones al máximo.

Referencias:

- Hilbrecht, M., Shaw, S., Delamere, F. &Havitz, M. (2008). Experiences, perspectives and meanings of family vacations for children. Leisure/Loisir, 32(2), 541 - 571. Recuperado de: https://www.researchgate.net

- Dolnicar, S., Yanamandram, V. & Cliff, K. (2012). The contribution of vacations to quality of life. Annals of Tourism Research, 39(1), 59-83. Recuperado de: http://ro.uow.edu.au

- Ministerio de Salud - MINSA (2015). Usar en forma creativa su tiempo libre ayuda a desarrollar autoestima en niños y niñas. Recuperado de: http://www.minsa.gob.pe

- MINSA (2016). MINSA recomienda a los padres de familia desarrollar habilidades de sus hijos durante las vacaciones. Recuperado de: http://www.minsa.gob.pe

 

EL ROL DE LA TECNOLOGÍA EN EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS Y NIÑAS

marzo 2017

Si bien los adultos solemos conocer nuestro entorno y a nosotros mismos por medio de nuestras habilidades sociales, comunicativas, mediante la reflexión y el uso de nuestros sentidos, un recién nacido aprende a conocerse a sí mismo y a experimentar lo interno y externo mediante el juego (Winnicott, 1998).

Desde bebé, una persona conoce y experimenta su propio cuerpo jugando: golpea sus brazos, sus piernas, recorre su cara con los dedos, estira y repliega las articulaciones en graciosas patadas y aleteos. Mientras tanto, el bebé sonríe y siente el placer de controlar sus extremidades a voluntad. De seguir un ritmo, de sentir el aire y de gastar su energía en diferentes movimientos ya que aún no ha aprendido a caminar. Cuando su campo de visiónse incrementa, aparecen objetos que empieza a manipular y, en su juego, los lanza, los muerde, los huele, los chanca y aprende así a dominar el espacio, a medir las distancias, a saborear, a oler, a trabajar el tacto de sus dedos y a utilizar la presión de sus manos para coger y soltar. Más adelante, el juego libre se vuelve nuestra principal forma de expresarnos y de aprender nuevos métodos de comunicación. Por medio de la trama y personajes elaboramos y reelaboramos lo que sentimos (la angustia, la agresión, el amor, el odio, la tristeza, la felicidad, la rivalidad, la armonía, etc.) y lo procesamos, plasmamos nuestros vínculos, nuestra relación con nuestros padres y pares. Fantaseamos, creamos y vamos también constituyendo nuestra personalidad y explorando nuestros gustos y anhelos (Raznoszczyk, s.f.). Mediante el juego, además, aprendemos a relacionarnos con las demás personas, introduciéndolas en nuestro mundo, así como cuando los padres se acercan con muecas e historias, con “upas” y juegos de voces, con juguetes, peluches y otras cosas más. A través del juego aprendemos también a confiar, a conciliar, a solucionar, a aceptar y también a rechazar (Winnicott, 1997). El juego es pues, la forma en la que nos constituimos y cómo constituimos y asimilamos el mundo en el que vivimos. Es sinónimo de aprendizaje y de salud, de confianza y de desarrollo a través de la infancia, más aún cuando este carece de reglas, es libre y se presta para crear; cuando empieza en blanco y nos permite depositarnos a nosotros mismos y nuestro mundo interior. “El juego es la prueba continua de la capacidad creadora, que significa estar vivo” (Winnicott, 1998).

Al inicio, los juguetes nacieron de los materiales usados en los diferentes oficios, dando lugar a objetos que servían a los niños para su desarrollo y el uso en la educación. Eran producciones de madera, piedra, barro; materiales con los cuales se prestaba la opción de construir una amplia gama de juguetes. Con el paso del tiempo, el desarrollo de las tecnologías de la producción industrial, así como el uso del plástico y sistemas de circuitos computarizados han dado lugar a nuevos juguetes y juegos. Es así como, en la actualidad, con lo que se entretienen los niños y niñas son juguetes mecánicos, de plástico y con características muy “reales” como sonidos, movimientos, funciones, entre otros; juegan con las pantallas de televisión, los videojuegos, computadoras, aplicaciones de juegos en los celulares y dispositivos portátiles (Levin, 2007).

Asimismo, las tendencias de la sociedad actual, como el apogeo del marketing en la industria de los juguetes, han dado paso a estrategias especializadas para saber qué es lo que más les gusta a los niños y qué se vende más. Esto, acompañado del consumismo que se vive día a día, deja un poco de lado el placer de jugar, reemplazandolo por la necesidad de comprar rápidamente las nuevas versiones de cada juguete (Levin, 2007).

Estos cambios tecnológicos en los juguetes vienen interviniendo en la manera como los niños y niñas se relacionan en el juego. Los objetos con los que juegan hoy en día tienen un exceso de estimulación, con la que los niños y niñas dejan de ser sujetos activos al jugar, sino más bien observadores pasivos. (Levin, 2007). Esto es poco beneficioso para el desarrollo, pues no fomenta que el niño elabore sus propios contenidos y despliegue su creatividad a partir de objetos maleables. En esta misma línea, los juguetes hiperreales vienen cargados de sus propios contenidos y es más difícil que con ellos se puedan imaginar más cosas (Scharff, 2015).

Asimismo, estos juguetes y juegos parecen dar una sensación de libertad a nuestros hijos e hijas. Sin embargo, es importante pensar en que están programados para que se repitan una y otra vez la misma secuencia de acciones, y predeterminados para que solo haya una posible solución, como en los videojuegos, por ejemplo (Levin, 2007). Esta manera de jugar puede tener un impacto negativo en cómo los niños y niñas se relacionan con otros, ya que los intercambios con las personas reales son mucho más complejos: pueden ser modificados y requieren que las personas podamos conectarnos emocionalmente con los demás. Es decir que, el desarrollo emocional de nuestros hijos e hijas se ve comprometido con estos juegos, ya que tienden a disminuir la capacidad de esperar, la tolerancia a lo diferente y la habilidad para pensar profundamente en la otra persona (Scharff, 2015). No olvidemos que el juego está pensado como un medio a través del cual relacionarse con otro mediante el placer, y no para llenar los vacíos de las relaciones mediante objetos, como a veces ocurre (Levin, 2007).

Otras de las desventajas de la gran cantidad de estímulos de los juegos actuales es que pueden causar irritabilidad en los niños y niñas, así como distorsiones sensoriales y motrices (Levin, 2007). Además, se observa una disminución de la actividad física y aumento de la exposición a las ondas electromagnéticas, por el exceso de conexión a juegos virtuales, lo cual repercute en la salud general. También, tienen un impacto sobre el desarrollo de la comunicación, por el constante de uso de un lenguaje abreviado y poco fluido (Garitaonandia, Fernández &Oleaga, 2005; Scharff, 2015).

La tecnología beneficia a algunos, pero le hace daño a otros. Por lo que, para cada niño y niña, habrá que ir probando qué es lo mejor en cuanto a la exposición al mundo tecnológico (Hernández, 2014). A pesar de las desventajas mencionadas, se pueden rescatar los beneficios que trae la tecnología para el desarrollo. Por un lado, en la actualidad, pueden servir como un medio por el cual los niños y niñas pueden comunicarse con los otros y compartir contenido lúdico y personal, como música o gustos. También es un medio para encontrar información y generar aprendizajes. El intercambio de experiencias que generan es lo que les da valor al uso de las tecnologías (Garitaonandia, Fernández &Oleaga, 2005). Con una regulación adecuada, la tecnología también promueve la curiosidad en los niños (Scharff, 2015).

Por esto, si bien la tecnología juega, hoy en día, un importante rol en nuestras vidas y en la vida de los niños, es importante regularla de tal forma que no interfiera con el desarrollo de estos ni con las relaciones dentro de nuestras familias. Por ello, resulta crucial el acompañamiento y regulación de los padres en el juego. Es esencial que, si bien exista un tiempo para utilizar la tecnología (jugar videojuegos, mirar televisión, etc.) exista también un tiempo importante para el juego libre de esta: un juego en el que la creatividad y la espontaneidad de los niños se pueda emplear y desarrollar, en donde el niño pueda plasmar elementos propios y no solo manipule o utilice contenidos brindados por un tercero, un juego en donde el niño pueda también vincularse con otros, con sus padres y pares y en donde la atención de uno esté puesto en el otro y no en un objeto, en donde la importancia no esté en el resultado o producto sino en el proceso.

Referencias:

- Raznoszczyk, C. (s.f). Los juegos del niño en la actualidad: su incidencia en la estructuración del psiquismo. Buenos Aires: UBA

- Winnicott, D. (1998). ¿Por qué juegan los niños? Barcelona: Paidós

- Winnicott, D. (1997). Realidad y juego. Barcelona: Gedisa.

- Levin, E. (2007). ¿Hacia una infancia virtual? La imagen corporal sin cuerpo. Ediciones Nueva Visión, Buenos Aires.

- Garitaonandia, C., Fernández, E., &Oleaga, J. A. (2005). Las tecnologías de la información y de la comunicación y su uso por los niños y los adolescentes. Doxa Comunicación, 3, 45-64. Recuperado de: http://doxacomunicacion.es/pdf/artculogaritaonandia_1.pdf

- Hernández, J. L. (2014). Efectos de las tecnologías de la información y comunicación en niños y jóvenes. PRAXIS INVESTIGATIVA ReDIE, 6(10), 109. Recuperado de: http://redie.mx/librosyrevistas/revistas/praxisinv10.pdf#page=109

- Scharff, J. S. (Ed.). (2015). Psychoanalysis Online 2: Impact of Technology on Development, Training, and Therapy. KarnacBooks. Recuperado de: https://books.google.com.pe/books

EL VÍNCULO ENTRE EL ALUMNO Y PROFESOR

abril 2017

Habiendo ya empezado las clases en la mayoría de colegios y nidos de Lima, desde el centro Vinculare nos parece importante reflexionar sobre el espacio escolar y su contribución al desarrollo de nuestros hijos. Para esto, es importante brindar un marco cuantitativo a la importancia de este espacio en la vida diaria de estos. Por ejemplo, un adolescente o niño pasa entre 8 y 9 horas al día en su centro de estudios. Si calculamos que, en promedio, estos se encuentran despiertos 15 horas al día, ¡estamos hablando de más de la mitad de sus actividades dentro del espacio académico! En este, además, desarrollan sus primeros vínculos afectivos, sus relaciones interpersonales más largas y sus primeras relaciones con distintas figuras de autoridad, fuera del ámbito familiar. Es por esto que, el espacio académico y sus diferentes dinámicas tienen un rol esencial en el desarrollo de los niños que, si bien no sustituyen lo que estos pueden obtener en el espacio privado (en casa y con su familia), lo complementan y tienen un impacto importante a nivel afectivo y en la personalidad de nuestros hijos (Cámere, 2009).

Los profesores, entonces, estas figuras de cuidado que cambian a menudo conforme pasan los años, tienen el rol no solo de impartir conocimiento, sino de ser realmente educadores: facilitadores del desarrollo afectivo y cognitivo, fomentando un espacio saludable para todos y cada uno de los niños. Por esto, a continuación reflexionaremos sobre la importancia del vínculo entre el alumno y el profesor y la relevancia de que, como padres, fomentemos una alianza con el profesorado en pos del bienestar de nuestros hijos.

A menudo, la figura del profesor es representada por muchos como esa figura exigente y estricta que dejaba tareas poco agradables y que gritaba y llamaba la atención de forma constante, mientras recitaba y explicaba los párrafos de algún libro. Una persona con, quizá, mucho conocimiento, pero con poca “llegada”. Ese es el profesor que, muy probablemente, muchos tuvieron en el colegio. Pero también es el estereotipo de maestro que los pioneros en educación intentan dejar atrás.

Según las propuestas educativas basadas en las investigaciones más recientes no sólo el vínculo afectivo entre un maestro y un alumno es necesario para garantizar el aprendizaje sino que también, el profesor es una de las figuras mejor posicionadas para garantizar la educación no solo en el área intelectual sino también en lo emocional, lo físico, lo moral y lo espiritual. Por esto, no puede ni debe ser indiferente a las particularidades de cada uno de sus alumnos (su entorno familiar, las diferentes dificultades que tiene en las distintas materias, sus habilidades sociales, sus recursos para lidiar con los conflictos, etc.), porque conociendo y entendiendo esto es como realmente se puede atender, enseñar y promover un desarrollo óptimo en el espacio académico.

Frente a esto, el maestro tiene la compleja tarea de escuchar y leer los afectos de los niños, contenerlos y facilitar un espacio en donde se atiendan las necesidades y particularidades de cada uno, así como moldear los canales de enseñanza para llegar a todos (Cordié, 2007). Esto, sin embargo, no debe confundirse con el establecimiento de un lazo amical puesto que el profesor, como los padres en casa y como primera referencia de relación profesional vertical, es también el responsable en su área de establecer los límites, de plantear las reglas y de proteger y guiar al alumno a lo largo de su vida escolar (Cámere, 2009).

En el sentido de lo mencionado, como padres nos concierne estar atentos a cómo es la relación entre los maestros y nuestros hijos. Es importante escuchar lo que nuestros hijos nos cuentan al llegar a casa sobre sus profesores y lo que sucede en el salón de clases. Pues, los niños permanecen buena parte del tiempo en los colegios, es parte de la responsabilidad y el cuidado como padres asegurarse que en este espacio también sean tratados con el respeto que se merecen. Por ello, se recomienda que exista una relación de colaboración, coordinación y trabajo conjunto entre padres y profesores. Se ha demostrado que esta alianza, favorece el desarrollo de la autoestima de los niños, mejora las notas y disminuye los problemas de acoso en el aula (Serrano, 2017).

En la práctica, sabemos que el acercamiento de los padres a los profesores se puede ver dificultado por la creencia de que ellos tienen mayor conocimiento o formación, así como por la distancia emocional que algunos pueden tener al conversar sobre los hijos. Esto puede generar inseguridad y temor frente a lo que se observa de ellos en el espacio “académico”. Sin embargo, hay todo tipo de profesores, pues hay algunos con los que da gusto y seguridad conversar (Serrano, 2017).

Teniendo en cuenta estas dificultades que a veces se presentan a los padres, se considera importante que se haga un esfuerzo por comunicarse mejor con los maestros. Algunas de las formas de tener más cercanía son asistiendo a las tutorías y reuniones, intentar conocer al profesor desde el inicio del año, participar de las actividades del colegio, leer las notas que se dejan en la agenda, hacer seguimiento de las actividades de los hijos y comunicar cualquier cambio en la dinámica familiar (Serrano, 2017).

Se recomienda también que, frente a cualquier duda o preocupación, se recurra al profesor para investigar qué ha sucedido, puesto que es él quien más sabe sobre lo que sucede en el aula (Serrano, 2017). Si bien habrán diversas versiones sobre lo ocurrido, como la de nuestros hijos, la de otros padres y madres del salón y los profesores, es importante buscar comprender la situación desde todas las perspectivas antes de tomar alguna actitud o medida, que pueda convertir el espacio escolar en algo caótico. En esta línea, se considera importante que los profesores tomen las medidas adecuadas para que haya una comunicación fluida con los padres, que facilite el trabajo con los niños y favorezca su desarrollo (Trahtemberg, 2017).

De otro lado, consideramos importante que en las reuniones para conversar sobre el desempeño de los niños en el colegio, se busque preguntar por las diversas áreas de desarrollo de nuestros hijos. Interesarse por saber si es que juega con otros niños, por cómo se siente en el colegio y si disfruta de las actividades que se plantean. En ese sentido, preocuparse porque en el colegio el niño se desarrolle como “una persona pensante, activa, creativa, apasionada para alcanzar metas personales, y que se críe en un ambiente que valora la solidaridad y cooperación” (Trahtemberg, 2016).

Para concluir, queremos resaltar la importancia del vínculo entre los maestros y alumnos, por el aporte que tienen los maestros para fomentar un desarrollo holístico de los niños, que vele por el aprendizaje a nivel intelectual, moral, espiritual, emocional y físico. Asimismo, porque como figuras de cuidado, los maestros también deben respetar la individualidad de cada niño y vincularse con ellos desde la empatía y el afecto. En ese sentido, fomentar su autonomía y fortalecer las capacidades de cada niño. Es por ello que consideramos importante la alianza entre los padres y los profesores, puesto que si trabajan juntos pueden lograr objetivos comunes que favorezcan el bienestar de los niños. Realizando, de esta manera también, un llamado a los colegios para mostrar mayor apertura hacia el trabajo y orientación con las familias de los niños.

Referencias:

- Serrano, I. (2017). La difícil relación entre padres y profesores. El Mundo. Recuperado de: http://www.elmundo.es

- Trahtemberg, L. (2017). Padres que hacen de colegios espacios caóticos. Recuperado de: http://www.trahtemberg.com

- Trahtemberg, L. (2016). Las prioridades a las que aspiramos en la educación escolar de nuestros hijos. Recuperado de: http://www.trahtemberg.com

- Cordié, A. (2007). Malestar en el docente: la educación confrontada con el psicoanálisis. Buenos Aires: Nueva Visión

- Cámere, E. (2009). La relación profesor-alumno en el aula. Recuperado de: https://entreeducadores.com

 
 

LA TRANSMISIÓN DE LOS ESTILOS DE CRIANZA A TRAVÉS DE LAS GENERACIONES

mayo 2017

Todos alguna vez hemos experimentado el ser hijos: vivir esa relación de tener alguien que nos brinde cariño, amor, protección, límites y enseñanza. El tener a una madre que acude a nosotros cuando lloramos, cuando pedimos, cuando nos movemos y cuando, poco a poco, vamos alcanzando las distintas etapas e hitos del desarrollo como sonreír, gatear, hablar, caminar, etc. Es en esta relación en la que aprendemos lo que es confianza, seguridad, contención, cariño, amor recíproco, el sentirnos valorados y respetados. De esta manera, mientras crecemos caemos en cuenta de que, así como todas las personas somos únicas, las relaciones lo son también, y que nuestros vínculos con nuestros padres habrán dejado una huella importante en quiénes somos y en la forma en la que interactuamos con otras personas. Por esto, el estilo de crianza de nuestros padres y nuestra relación con estos son, generalmente, la base desde la cual se cimienta nuestra identidad y todas las demás relaciones, no solo con nuestros pares o figuras de autoridad, sino también con las futuras generaciones: con nuestros hijos y con los hijos de estos (Feeney&Noller, 1996). 

Toda madre fue alguna vez una hija pequeña y vivió lo que es tener padres con diferentes características (cercanos, lejanos, sobreprotectores, liberales, etc.) no sólo en suvínculo con ella, sino también en sus formas de relacionarse con el mundo. Más aún, toda madre es todavía una hija y mantiene aún (la mayoría de veces) un vínculo particular con sus padres basado en la experiencia infantil. Estos elementos, voluntariamente o no, juegan siempre un rol fundamental en su vida emocional de ya que esa confianza, esa seguridad, esa contención y todos esos aspectos recibidos que mencionamos anteriormente de su relación previa como hija son aspectos indispensables para vivir el vínculo como madre con sus hijos. Porque para transmitir confianza hace falta haber aprendido a confiar, para contener hace falta haber sido contenido antes y para amar hace falta haber sido amado antes (Feeney&Noller, 1996).

Una hija, entonces, como lo explican distintos estudios e investigaciones, desarrolla su identidad y su fantasía de madre desde los tres años de edad y en su imaginación y en su juego plasma los roles y las características de crianza más cercanos a ella; es decir, los de sus padres. Esto puede darse en sentido directo como en sentido inverso puesto que también en su juego y en su imaginación recrea (de volver a crear) los aspectos de la crianza que más le atraen e invierte las características o modelos que más le disgustan. Con el tiempo el juego se detiene y ya no son dinámicas infantiles las que desarrollan un posible y eventual rol de madre sino pensamientos más concretos, ideas más asentadas, para finalmente ponerse en práctica al convertirse esta hija en mamá (Brazelton&Cramer, 1990).

Muchos estudios sugieren que la manera cómo se relaciona la madre con su bebé se puede observar en ciertos patrones. Se ha encontrado que el patrón que se establece entre una madre y su hijo* está altamente influenciado por el patrón de relación que tuvo la madre con su propia madre. Este patrón se refiere a la forma en que actúan y sienten las madres con sus bebés, sobre todo al negociar las separaciones y encuentros. Si bien, por diversos factores, estos patrones se pueden cambiar, se ha mostrado que tienden a transmitirse de una generación a otra (Stern, 1999). Pero, ¿cómo ocurre esto?

La seguridad que brindan las madres en la relación con sus hijos, está altamente relacionada con la capacidad que tienen para reconocer lo que está pasando en sus propias mentes y en sus corazones, así como en las de otros. Esto implica una gran sensibilidad de las madres para leer a sus hijos y la capacidad de reconocer lo que sienten y piensan. Es a través de estas características vinculares que las madres transmiten los patrones de relaciones entre una generación a otra. Es decir que son estas habilidades las que se transmiten o no en las primeras relaciones, que luego tienden a repetirse o no, en las futuras relaciones de la persona (Geenen&Corveleyn, 2014).

Los estilos de crianza influyen en cómo una persona adulta criará a sus propios hijos. Es esperable que la interacción con sus hijos esté coloreada por las características de ciertos estilos para relacionarse, previamente aprendidos. Se ha encontrado que existe una gran transferencia de estos estilos, de una generación a otra (Geenen&Corveleyn, 2014). Tanto la seguridad como la inseguridad obtenida en las relaciones más tempranas, se espera que tengan una fuerte continuidad a lo largo de la vida posterior.

Sin embargo, otros factores pueden intervenir en el desarrollo para evolucionar de una u otra manera. Es importante tener en cuenta el rol de otras figuras de cuidado a las cuales los niños pueden recurrir para sentir seguridad. Si bien existe una alta posibilidad de transferir los patrones, también existen excepciones a la regla (Geenen&Corveleyn, 2014). De otro lado, también es relevante rescatar que el “rol materno” en la actualidad, como figura de cuidado y base segura para la exploración del mundo, puede ser compartido tanto por madres como por padres (Olivier, 1997).

En el sentido de lo mencionado, podemos pensar en la importancia reflexionar sobre las relaciones entre abuelas, madres e hijas. Cuanto mejor se pueda entender la relación con su propia madre y enfrentarse a ella, habrá menos probabilidad de repetirla sin ser consciente de esto. Por ello, resulta importante poder comprender las relaciones del pasado, pues a partir de esta comprensión se puede pensar con claridad sobre las nuevas relaciones (Stern, 1999).

Finalmente, teniendo en cuenta la importancia del rol materno en el desarrollo de la vida de cada persona, se sabe que como mamás y figuras de cuidado, para relacionarnos de manera saludable con nuestros hijos es importante: -Señalar los sentimientos, pensamientos, intenciones y deseos de los niños* -Aprender a reflejar y dar sentido los afectos de nuestros hijos -Enfocar la realidad de manera lúdica: jugar para explorar el mundo con seguridad -Sorprenderse frente a lo diferente, estar dispuestas a encontrar algo nuevo, sobre el cómo y el porqué de las conductas que vemos en los niños. -Sensibilidad: prestar atención al comportamiento de los hijos, estar atentos a los aspectos positivos y negativos en las interacciones, entender que es un proceso (Geenen&Corveleyn, 2014).

*Para abreviar escribiremos “hijos” y “niños” para referirnos tanto a hijos e hijas, como a niños y niñas.

Referencias:

- Geenen, G. &Corveleyn, J. (2014). Vínculos protectores. Apego en padres e hijos en vulnerabilidad. Fondo Editorial de la Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, Perú.

- Stern, D. (1999). El nacimiento de una madre. Cómo la experiencia de la maternidad te cambia para siempre. Editorial Paidós, España.

- Olivier, C. (1997). Los hijos de Yocasta. La huella de la madre. Fondo de Cultura Económica, México.

- Feeney, J. &Noller, P. (1996). Apego adulto. Desclée, Bilbao, España.

- Brazelton, T. &Cramer, B. (1990) La relación más temprana. Padres, bebés y el drama del apego inicial. Paidós, Barcelona, España.

 

LA PATERNIDAD Y SUS AFECTOS

junio 2017

Cuando hablamos de la relación padre-hijo(a), muchos evocan una figura paterna asociada a la enseñanza, a la autoridad, a un escaso tiempo de vivencias debido al trabajo, al cansancio, a un carácter más bien parco y a un cariño implícito. Aunque abundan también las excepciones, a lo largo de las generaciones la figura paterna se ha asociado y relacionado más con la de una personalidad poco afectiva, con la producción y con el sostén económico de la familia más que con aspectos de la crianza de los hijos que vayan más allá de la imposición de la autoridad. La misma psicología, desde siempre, ha resaltado en las investigaciones la importancia del vínculo materno, mientras que es recién a mediados del siglo XX cuando el vínculo paterno ha empezado a ocupar un lugar importante en esta literatura y a demostrar lo esencial que es la figura paterna dentro de la dinámica familiar. Siendo este el mes del día del padre, desde el Centro Vinculare nos parece importante reflexionar, hoy, acerca de la importancia del papel de la figura paterna en la crianza y el crecimiento de nuestros hijos y, pensar en cómo, a nivel psicológico, puede un padre prepararse para fomentar el desarrollo afectivo de sus hijos(as).

Como mencionamos anteriormente, la mirada a nivel social, de las tareas de un padre, a lo largo de la historia, casi siempre se han relacionado con la productividad y el aporte económico mientras que la figura materna con el sostén afectivo y las labores de crianza. Sin embargo, hoy, si bien a nivel de productividad en materia económica los roles del hombre y de la mujer se han ido, poco a poco igualando, la crianza y, sobre todo, el aspecto vincular y afectivo del desarrollo de los hijos sigue aún recayendo sobre la figura materna con más bien poco apoyo o soporte de la figura paterna. En esto y más allá de la perspectiva y los estereotipos sociales, la psicología -si bien reconoce el carácter prioritario y esencial del vínculo materno (sobre todo en los primeros meses de recién nacidos los hijos)- sitúa el rol paterno también como de suma importancia para garantizar el desarrollo afectivo del infante: este no solo debe fomentar su propio vínculo afectivo con el hijo a través del juego, el sostén y el cariño constante, sino que también debe proteger y facilitar el vínculo materno sosteniendo y apoyando a la figura materna no solo en materias de crianza sino también en las diversas dinámicas afectivas, conflictos y problemas que se desarrollen en los primeros meses (Winnicott, 1959). Este es el contexto ideal para que un niño pueda desarrollar no solo sus capacidades afectivas, sino también sus diferentes recursos, sus habilidades cognitivas y su motricidad.

Las aportaciones de los padres a las interacciones pueden identificarse a través de lo que ellos dicen sobre sus hijos, en sus deseos y en su vida emocional en general. En la relación con sus hijos los padres también atribuyen significados a las conductas de los niños, así como atribuyen pensamientos y sentimientos. Esto es parte del desarrollo normal de los niños y forma parte del proceso de mentalización (formar la mente del niño) que todos los padres llevan a cabo al cuidar y relacionarse con sus hijos. En ese sentido, es importante que los papás estén atentos a cómo se sienten y qué sentimientos les despierta tener un hijo. También, reflexionar sobre su propia historia de relaciones pasadas, pues estas pueden jugar un rol en la nueva relación que se establece con los hijos (Brazelton, 1993).

La paternidad, como ya se ha mencionado, implica el cuidado, ternura, corresponsabilidad y respeto (Cárcamo, 2017). Reconocer y poder responder de manera sensible a las emociones tanto negativas como positivas es parte importante de su rol como cuidadores. Sin embargo, para algunos papás puede resultar más complicado responder a las emociones negativas (Marinelli, 2013).

Esto podría deberse a cómo se han construido los hombres desde su masculinidad en nuestra sociedad. Se piensa que los padres deben ser “los fuertes” durante la crianza de un hijo. Imposibilitando con esto la expresión de las emociones que este proceso les genera a los padres. (Cárcamo, 2017).

Es quizás difícil de aceptar que los hombres también pueden hablar de sus afectos entre ellos y de manera pública, debido principalmente al machismo que marca los roles de hombre y mujer y sus respectivas características esperadas como figuras de cuidado. Yendo un poco más allá de estas tendencias actuales, en el presente artículo invitamos a los padres a hablar de cómo se sienten en este rol, porque también tienen derecho a sentir y expresarse; hacerlo no debería tener una connotación negativa porque es saludable y necesario para la formación de la mente de los hijos.

Reconozcamos que los padres también pueden jugar a la sensibilidad con sus hijos. Empezando por los juegos de crianza, en los que pueden y deben participar desde que sus hijos son bebés, como por ejemplo el mecer, el caballito, avioncito, las escondidas, las chapadas, entre otros juegos populares para niños. También, jugar al cuidado, al cariño y la ternura. En ejemplos concretos, jugar a bañar, alimentar y acurrucar a los bebés con muñecas o muñecos; a la cocina o a la familia.

Referencias:

- Brazelton, B. (1993). La relación más temprana. Padres, bebés y el drama del apego inicial.

- Marinelli, F. (2013). Representaciones de apego y sensitividad paterna en padres de hijos en edad preescolar. Recuperado de: http://tesis.pucp.edu.pe/repositorio/handle/123456789/4881

- Carcamo, E. (2017) La otra ternura en las paternidades. Recuperado de: http://www.degenerar.com/2017/06/02/la-otra-ternura-en-las-paternidades/

- Winnicott, D. (1959) Enfoque clínico de los problemas familiares. La familia.

 

LA IMPORTANCIA DE LOS VALORES SOCIALES EN EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS*

julio 2017

En el mes de Julio celebramos a nuestra Patria y, como peruanos, nos concierne pensar cómo la cultura del Perú ha intervenido e influye en nuestro desarrollo como personas. Ser peruano es parte de la identidad individual, pero también es algo compartido con un gran grupo de personas diversas, que pertenecemos al mismo país. En ese sentido, ¿en qué momento de la vida uno comienza a aprender qué significa “ser peruano” y lo que esto connota? y ¿qué tan conscientes somos acerca de lo que hacemos por mejorar nuestro país día a día?

A lo largo de estos días seguramente nos detendremos a pensar y celebrar el Perú junto a todos sus atractivos: su historia, comida, paisajes, diversidad, danzas, festejos, música, arte, entre otros. En el presente artículo, abordaremos la importancia de detenernos a reflexionar sobre cómo, desde pequeños, podemos comprometernos a seguir construyendo nuestro país a partir de un involucramiento responsable con la sociedad y el orgullo de compartir una identidad con el resto de peruanos. En esta línea, consideramos que es algo que se aprende en las familias y en la escuela, y que por lo tanto corresponde generar maneras de abordarla. Como bien dice Trahtemberg (2016, 2001), la educación en valores sociales no es algo que se aprende solo en el curso de Educación Cívica en los colegios, sino en la cotidianidad de vivir como ciudadanos del Perú.

¿Qué entendemos, entonces, por educar en valores sociales a los niños de hoy? 
Los valores sociales son construcciones sobre cómo se relacionan las personas entre sí. Estas “formas” interiorizadas se constituyen como principios o creencias sobre cómo orientar nuestro actuar en el mundo. Forman parte de la identidad de la persona e intervienen en cómo esta se construye como miembro de una sociedad. Tienen una fuerte dimensión afectiva, ya que se empiezan a aprender en las interacciones con mamá y papá. Asimismo, se considera que estos se aprenden en las relaciones cotidianas con los otros, y no tanto a través de los cursos o memorización de contenidos sobre educación cívica. Los valores sociales son lo que nos compromete a actuar de forma justa y respetuosa con el resto de peruanos; y nos mueven a llevar a cabo proyectos personales o grupales que intenten resolver los principales problemas que se sienten en el país. A participar de lo que ocurre en el mundo, en el país, desde pequeños. Estos valores están altamente relacionados con la formación de niños y niñas que se perciben como ciudadanos, parte de un todo (De Arregui & Cueto, 1998); y por lo tanto, de niños como agentes activos de la sociedad peruana.

A nivel social, enseñar a los niños a sentirse responsables y movilizados por lo que sucede a su alrededor es el principal camino para poder construir un país -e incluso un mundo- más unido, solidario, en donde se practiquen la justicia y la igualdad de oportunidades; un país libre no solo de machismo y discriminación sino también de oportunismo y corrupción, un país amante y orgulloso de su diversidad en donde todos nos podamos sentir identificados con los logros de cada habitante y en donde nadie se vea imposibilitado de desarrollarse a nivel personal como profesional. Los valores sociales, son pues, la base en donde los distintos principios éticos y morales descansan y estos, a su vez, son la base y el marco para poder lograr una sociedad que funcione adecuada y adaptativamente, reduciendo la posibilidad de conflictos sociales (entiéndase por esto todo tipo de conflicto entre grupos grandes o pequeños) y aumentando la calidad de vida de todos y cada uno de los habitantes de nuestro país y del mundo.

Por otro lado, diferentes investigaciones científicas apuntan a que el aislamiento y la soledad pueden ocasionar distintas patologías y patrones desadaptativos del comportamiento: se entiende, entonces, que el ser humano es un ser de naturaleza social y que necesita de la constante interacción de sus pares para sobrevivir y para desarrollarse como persona. Por esto, la formación en valores sociales no es solo un constante aprendizaje que beneficia a la sociedad sino también al individuo en su desarrollo personal. Por ejemplo, características de la personalidad tales como la empatía, la responsabilidad, la solidaridad, el sentido de la igualdad y justicia, el respeto, la tolerancia, entre otras. Estas características, a su vez, potenciarán las diferentes habilidades interpersonales del sujeto que serán de suma importancia para triunfar en cualquiera de los espacios a los que se quiera/pueda dedicar a futuro: empleos, familia, amigos, etc.

Ahora bien, la empatía, la tolerancia, el respeto y los demás elementos mencionados anteriormente pueden ser enseñados para ser empleados en círculos sociales más próximos, pero mientras menor cantidad de personas se vean involucradas en el proceso de identificación de un niño más pobres también serán sus valores y recursos: es más fácil practicar la solidaridad con personas a quien uno conoce así como empatizar con alguien cuando se trata de, por ejemplo, familiares. El que es capaz de ser solidario y empático con personas que no conoce tendrá la capacidad de serlo (quizás aún más) con los más cercanos. El explotar estas habilidades, no solo facilitará el camino del sujeto para forjar un camino seguro hacia un futuro lleno de logros sino también un espacio de constante desarrollo personal y de felicidad.

Para concluir, durante este mes de celebración al Perú, pensemos en fortalecer los valores sociales en los niños a través de acciones diarias, como fomentar el compromiso con el medio ambiente a través de trabajos creativos con reciclaje, enseñar a los niños a participar en donaciones explicándoles que hay otros que también necesitan ese apoyo; y sobretodo enseñándoles a respetar a quienes son diferentes, a preocuparse por el bienestar de sus compañeros, a ser honestos y a comprender el por qué de las reglas que se ponen. Así también, estas vacaciones podemos conocer más del Perú, visitando museos, probando nuevas comidas peruanas, escuchando música nacional y conociendo nuevos lugares del país. Estos espacios permitirán implicar a los niños de forma divertida con la historia y costumbres del Perú.

Por otro lado, los niños también pueden participar opinando y reflexionando sobre lo que ocurre en el país, explicándoles de acuerdo a su edad y permitiéndoles expresar cómo se sienten sobre ello y qué piensan que podrían hacer al respecto.

Eduquemos mostrando nuestro amor a la patria. Involucremos a los niños en pensarnos como país, pues es beneficioso tanto en lo individual como en lo colectivo.

*Al utilizar “niños” hacemos referencia tanto a niñas y niños.
 

Referencias:

- Trahtemberg, L. (2016). Es hora de cambiar la visión sobre la escuela peruana (y la Educación Cívica). Blog de León Trahtemberg. Recuperado de: http://www.trahtemberg.com

- Trahtemberg, L. (2001). El mito de la educación en valores. Blog de León Trahtemberg. Recuperado de: http://trahtemberg.com

- De Arregui, P. M., & Cueto, S. (1998). Educación ciudadana, democracia y participación. Contextos educativos, 1. Recuperado de: http://www.grade.org.pe

- Imagen recuperada del video “Los niños y las niñas también podemos ayudar”: https://www.youtube.com


 

 

LA SOCIEDAD, LA FAMILIA Y SU IMPACTO EN EL DESARROLLO DE LOS NIÑOS

setiembre 2017

En el pasado mes de agosto celebramos el Día del Niño, razón por la que consideramos relevante desde el Centro Vinculare, pensar en cómo la sociedad en la que actualmente vivimos influye en el desarrollo de estos, así como en nuestra percepción sobre ellos. Por ello, es importante no olvidarnos lo que significa ser un NIÑO, siendo necesario que exista un espacio y un lugar constante en nuestras vidas para pensar y recordar que cada niño debe ser sostenido, hablado, escuchado, pensado y comprendido.

Con el pasar de los años, diversas patologías infantiles han aparecido o han comenzado a hacerse conocidas. Es sorprendente cómo algunas de ellas empiezan a tener una importante notoriedad a partir de que muchos niños son diagnosticados tempranamente. Por ello, surgen algunas interrogantes: ¿A qué se debe el gran y rápido aumento de estos diagnósticos? ¿Existen realmente tantos niños con dichos trastornos? ¿Si existen, por qué en esta época la cantidad es sorprendentemente mayor en comparación a otras? Consideramos importante profundizar esta temática así como analizar el uso de la medicina como único tratamiento para los problemas que los niños presentan actualmente.

A nivel de la psicología, lo que dicta el nivel de patología o de salud mental es la adaptabilidad y la “normalidad”. Es decir, qué tanto las conductas, pensamientos, emociones y las formas de socializar van de acuerdo a lo que la sociedad permite y acostumbra. Por esto, no debe de extrañarnos que las diferentes patologías de las que hoy se habla no se hayan evidenciado en esa proporción en nuestra sociedad décadas atrás, así como el que distintas patologías de antaño ya no se evidencien con frecuencia hoy en día. Al fin y al cabo, el mundo evoluciona y, junto con estos cambios, llegan también nuevas complicaciones, nuevos problemas y nuevos retos a los que enfrentarnos.

Dentro de estos cambios, es importante centrarnos en aquellos que se han generado en las familias, en los nuevos enfoques y formas de vivir y gestionar nuestras vidas y en las nuevas formas de experimentar la maternidad y la paternidad. A diferencia de antes, la sociedad en la que vivimos hoy, es una sociedad centrada en la producción y en el consumo y que le dedica poco tiempo a la consolidación de vínculos y, en general, a invertir y cuidar de la vida y salud emocional de las personas. Asimismo, la competencia es alta y experimentar bajas en la producción puede generarle miedo incluso al más productivo de una organización. Esto genera hoy que muchos padres acorten el plazo de su licencia de paternidad o maternidad o que, si lo aprovechan, una vez se haya regresado al trabajo se dificulte encontrar tiempos para disfrutar de los hijos y brindarles esos vínculos y actividades familiares que tanto contribuyen y son necesarios para su desarrollo en las áreas cognitivas, emocionales y motrices.

La familia, asimismo, ya no suele ser la red de soporte que antes solía implicar y, aunque existe crecimiento en las estadísticas que señalan que hoy en día muchos abuelos cuidan constantemente de sus nietos, el incremento es aún mayor en las que señalan la presencia de nanas en horarios de gran escala y de matrículas y asistencias tempranas a guarderías y nidos. Entonces, la crianza se contrapone, de cierta manera, al mundo laboral y al modelo social que ocupa una gran parte de nuestras vidas. Todo ello implica un contacto mayor con nuestras propias emociones, porque no se trata de consumir o producir sino de sacrificar y comprometerse muchas veces más allá de nuestros más mediatos deseos y porque nos exige y nos demanda muchas veces una red de soporte, un apoyo y, para esto, es imprescindible mostrarnos y sentirnos vulnerables.

Todos estos fenómenos que afectan la crianza generan un impacto, por consiguiente, en las experiencias y vivencias más tempranas de los niños y, si bien hay una tendencia a pensar que estas no son relevantes a futuro, es importante señalar que el que la experiencia no permanezca como recuerdo no significa que no haya generado un impacto en nosotros ni en nuestro desarrollo. Diversas investigaciones científicas prueban a menudo, que distintas costumbres y diferentes defectos de la crianza temprana correlacionan positivamente con la presencia, a futuro, de conductas tales como dificultades para aprender, excesos de “rebeldías”, entre otros. Por esto, es importante entender que los niños son y se desarrollan en un contexto, en un sistema, y que reforzar ese contexto inmediato para brindarles a nuestros hijos un buen desarrollo emocional que se traduzca en un óptimo desarrollo cognitivo y en las demás áreas es una tarea primordial para la crianza. Asimismo, es también importante observar el sistema y el contexto cuando aparecen menciones de dificultades de atención o conductas “rebeldes” en los niños, así como también no etiquetar con tanta facilidad de “trastorno” meras trabas y dificultades que pueden ser fácilmente adaptadas.

Con respecto a esto y como ya se mencionó anteriormente, en los últimos años ha aumentado de modo alarmante la cantidad de niños con un diagnóstico que deriva a la medicación como tratamiento para ‘’curar’’ la patología que los afecta. Se considera que se debe tener en cuenta que los niños son sujetos en devenir, que están transitando momentos de la vida que se definen por la transformación. Por ello, diversos autores señalan que se está diagnosticando a los niños con mucha facilidad, sin tener en cuenta la singularidad de cada uno de ellos, la época en la que nos encontramos, ni tampoco la complejidad del funcionamiento psíquico en la infancia.

De esta manera, aquellos niños y niñas que presentan modos de ser y estar en el mundo, de jugar, aprender y de comunicarse ‘’diferentes’’ a las expectativas normativas de nuestra sociedad, la cual tiene estandarizados patrones de lo que se considera ‘’normal’’, son etiquetados por el fantasma del ‘’fracaso escolar’’ y se les asigna un diagnóstico que muchas veces es apresurado. Así, a partir de la estigmatización, se potencian las dificultades para tomar conciencia de las posibilidades que supone la niñez y las estrategias a las que se puede apelar para promover un desarrollo más completo. Por consiguiente, otras formas de comprender estos ‘’problemas’’ quedan relegados a un segundo plano, logrando de este modo que los síntomas y las patologías sean las primeras vías para entender las problemáticas de los niños. Esto, a su vez, lleva a medicar a los niños con estas dificultades, siendo esta la única aparente solución al problema.

Asimismo, es notorio que en muchos casos, la medicación no suele ser la cura de los problemas que los niños padecen, sino que más bien, su fin consiste en desaparecer el síntoma que molesta o que causa malestar. De esta manera, a lo que se apunta, es a ‘’normalizar’’ a los niños que no encajan ni se ajustan a la norma. Por ello, lo que se está logrando es modificar la conducta, transformarla, sin embargo, no se está llegando realmente a la raíz del problema y a la vez, no se están tomando en cuenta los diversos efectos secundarios que muchas de estas medicinas tienen que afectan a los niños al usar dichas medicinas. Por esta razón, consideramos que la cura solo se podrá encontrar si es que se investiga el origen del síntoma, es decir, de donde nace el problema.

Es importante mencionar que no se está intentando plantear la idea que la medicación no es una forma válida de tratamiento, sin embargo hay que mantener en mente que no es la única forma y que consideramos importante primero investigar el síntoma que aqueja al niño, su origen emocional y, a partir de ello, determinar cuál es el tratamiento más adecuado. Para finalizar, es relevante tener presente que sobre todas las cosas, nuestra prioridad, tanto de padres, de profesores como también de los psicólogos es escuchar a los niños, entender sus maneras de expresarse, sus modos de poder entender lo que les puede estar pasando y a partir de ello atenderlos como ellos se merecen. Esto es particularmente importante puesto que los niños, al igual que los adultos, son sujetos de derechos y no objetos de tutelaje.

De esta forma, desde el Centro Vinculare consideramos que es importante revestir a los niños de la misma forma en la que nos revestimos a nosotros mismos: complejos dentro de su mundo infantil lleno de simples expectativas y deseos, y vulnerables en su desarrollo al contexto, a los cambios y a los vínculos más cercanos. Solo de esta manera podemos entender a la infancia, brindar contención cuando se necesite y atender a sus problemas y complicaciones con una comprensión plena y soluciones que se ajusten a la realidad de cada niño.

Bibliografia:

- Debenedetti, R. (2015). ¿Niños rehenes de una globalización económica? Trabajo final de Grado. Universidad de la República. Recuperado de https://www.colibri.udelar.edu.uy/bitstream/123456789/6086/1/Debenedetti%2C%20Rosella.pdf

- Dueñas, G. La biomedicalización de los malestares en las Infancias Actuales. Editorial Noveduc. Buenos Aires, Argentina. Recuperado de http://www.redmaristan.org/source/Art%20BIOMEDICALIZACION%20de%20las%20Infancias%20Actuales.pdf

- Kahansky, E. & Llanos, L. (2015). Patologización de la infancia. Los rótulos en los niños: ¿A quién le sirve? Infancia en Movimiento. Recuperado de: http://infancia-movimiento.blogspot.pe/2015/02/patologizacion-de-la-infancia-los.html

- Vasen (2013). La infancia no es patologia: alternativas a la medicalización de los problemas del comportamiento. Pagina 12.

 

ESCOGIENDO UN COLEGIO PARA NUESTROS HIJOS: LA IMPORTANCIA DE TOMAR EN CUENTA LAS NECESIDADES DE CADA NIÑO

octubre 2017

Muchas veces, cuando miramos hacia atrás, la etapa que más añoramos de nuestras vidas es la escolar. Recordamos los recreos, los profesores, los antiguos grupos de amigos, las bromas en clase, las aulas y, en general, toda la estructura de los colegios a los que solíamos asistir. Por ello, es muy común que, habiendo dejado esta etapa atrás, nos quede la siguiente idea: “quiero que ahí estudien mis hijos”. Pensamos que si aún sentimos nostalgia por esa época y por la institución, nuestros hijos también lo harán a futuro y que, si este período en el colegio contribuyó a nuestra felicidad, así también lo sentirán nuestros niños. En otros casos puede suceder que, por el contrario, optemos más bien por un colegio que ofrezca algo que sentimos nos hizo falta a nosotros, como un segundo idioma, una estructura más amplia, menos o más límites, etc. Por lo general, ya hemos pensado, imaginado e incluso tomado una decisión mucho antes de nacido nuestro primer hijo, pues como sucede en muchos aspectos del ser padres, ponemos muchos de nuestros deseos, ideales y expectativas en nuestros hijos.

A continuación, desde el Centro Vinculare planteamos una reflexión a los padres sobre lo importante de meditar, pensar y tomar con calma esta decisión, considerando diferentes variables así como el que tengan en cuenta aspectos importantes que requieren los niños para su desarrollo integral.

Para empezar, hay un aspecto que muchas veces solemos olvidar cuando tomamos decisiones sobre nuestros hijos: su individualidad. Así como los adultos tenemos diferentes características, formas de ser, carácter, pensamientos, actitudes y sentimientos, nuestros hijos, a pesar de no haber estructurado por completo su personalidad, también tienen determinadas cualidades, modos de ser y de sentir que los llevan a desenvolverse mejor en algunos espacios y/o con mayor dificultad en otros. Esto no quiere decir que no se deba fomentar contextos que contribuyan a la adaptabilidad de los niños sino que es importante que también podamos reconocerlos y validarlos como personas esencialmente diferentes a nosotros. Por eso, las múltiples opciones que hemos considerado para ellos se deben pensar desde esta base y luego adecuarse o analizarse con lo que vemos, oímos y estimamos que será mejor para ellos, pero no al revés.

Muchos padres se hacen diversas preguntas antes de tomar la elección de un centro educativo para su hijo: ¿cuál es el mejor colegio? ¿uno bilingüe? ¿el que tenga mejores instalaciones? ¿el que esté más cerca a casa? Debido a que el colegio será el segundo hogar de los niños y además un lugar donde se educarán y aprenderán, se debe apuntar principalmente a que este sea un espacio en donde los niños sean felices y se sientan seguros. Por esto, como ya se mencionó, es fundamental conocer las habilidades, fortalezas y debilidades de nuestros hijos al momento de escoger un colegio para ellos. Asimismo, es de suma importancia tener en cuenta cuáles son sus aptitudes e intereses, su manera de responder ante las exigencias que se le depositen y el tiempo que este emplea en aprender.

¿Qué cualidades del niño hacen de determinado colegio el ideal para él? ¿Qué aspectos de él van a ayudarlo a aprender con mayor profundidad y a sentirse más cómodo en cierto tipo de colegio, con cierto tipo de metodología, profesores, compañeros y sistema escolar? Estas son preguntas que estimamos son necesarias de realizar antes de tomar la decisión final.

Es importante tomar en cuenta que el colegio donde se eduque el niño sea uno que siga la misma línea educativa que se trata de alcanzar en casa a través de la familia. Por esta razón, es relevante que los valores que se le enseñan al niño en el colegio sean concordantes con los que se inculcan en el entorno familiar. Tanto en el aspecto religioso, de valores, de modos de ver la vida, tratemos que el colegio vaya de la mano con las propias convicciones y prácticas de los padres y de la familia del niño. De igual manera, no olvidemos que es importante mirar cuánto espacio y valor se le da al aspecto emocional, al bienestar y tranquilidad del niño; cuánto se puede privilegiar solo la competencia y habilidades intelectuales sobre las emocionales. “De poco sirve que un niño sepa colocar Neptuno en el universo si luego no sabe dónde colocar su tristeza, su rabia o su miedo” (Toro, 2015).

Es importante, además, informarnos sobre las medidas y las posturas del colegio en temas como el bullying, la discriminación, el déficit de atención y otros problemas de aprendizaje. El estilo de aprendizaje del niño (junto con sus dificultades), la motivación, los problemas de conducta (entre muchos otros) y el cómo cada institución los aborde son factores que afectan la manera en la que los niños pueden ser educados. Por esta razón, se debe conocer qué estrategias se aplican en los colegios para favorecer el correcto desarrollo del niño así como su bienestar emocional, no olvidando que en la base del interés por aprender está el respeto por la individualidad, por los tiempos de cada niño y por su desarrollo emocional.

Por eso, desde el Centro Vinculare queremos puntualizar en que es necesario pensar primero en las condiciones del niño o niña antes que en las condiciones del colegio. Sabemos que no existe un colegio perfecto; sin embargo, creemos que sí existe el colegio adecuado para cada niño. Antes de establecer como prioridad la excelencia académica, los idiomas, los deportes o las instalaciones del colegio, se debe considerar las cualidades del niño que va a asistir a dicho colegio. En este sentido, la pregunta más importante no debería ser ¿es el mejor colegio? sino mas bien ¿es el mejor colegio para mi hijo?

 

CÓMO MANEJAR Y PREPARAR A LOS NIÑOS ANTE UN SISMO

noviembre 2017

Desde el Centro Vinculare consideramos importante este mes abordar un tema que ha estado muy presente en los últimos meses y que genera un gran impacto en los niños y sus familias: la posibilidad de un terremoto en nuestro país. En este artículo queremos centrarnos en un aspecto de suma relevancia que muchas veces se deja de lado: cómo los temblores o terremotos afectan a los niños en el área emocional y qué podemos hacer nosotros como padres y cuidadores para ayudarlos a elaborar sus miedos, angustias y sentimientos ante lo que este desastre natural puede evocar en ellos.

Las noticias y comentarios sobre diversos sismos e incluso devastadores terremotos en países cercanos al nuestro, han generado en todos un gran miedo y angustia ante la gran probabilidad que esto suceda en nuestro país. Los niños observan y están expuestos constantemente a esta realidad. Así mismo, participan continuamente en simulacros en sus colegios y casas por lo que es importante puedan procesar, esta información, entenderla y darle un significado para poder integrarla y asimilarla sin tanta preocupación.

Así como los adultos, los niños también experimentan la misma necesidad de elaborar y comprender lo que ocurre a su alrededor, sin embargo, ellos cuentan con recursos cognitivos y emocionales todavía en proceso, que hacen más difícil dicha labor. Además, generalmente son los niños los más afectados con situaciones como esta, ya que no necesariamente pueden darle una explicación lógica a lo ocurrido. Asimismo, son fuertemente afectados al ver y sentir la situación de intranquilidad que viven ellos mismos y que experimentan sus propios padres o cuidadores, ya que estos son sus bases sólidas y de seguridad. Es por esta razón precisamente que consideramos que es fundamental poder brindarles a nuestros hijos calma, contención, flexibilidad, mucha paciencia y sobre todo validar sus sentimientos, hablar del tema, aclarar dudas y dejarles un espacio para que se abran y podamos contenerlos en sus miedos, tristezas, preguntas, llantos e inseguridad.

En primer lugar, es importante que los niños estén informados. Si bien no es necesario brindarles datos específicos y es preferible evitar darles información que involucre violencia o escenas que los puedan perturbar, sí es de bastante ayuda poder nombrar, explicar y definir el fenómeno así como sus posibles causas y consecuencias. Al fin y al cabo, lo desconocido siempre genera más temor. Junto con esto, se puede trabajar el protocolo que se realizará en casa para evacuar en caso de sismo, pero adaptándolo a su edad y etapa de desarrollo y así evitar que sientan demasiada angustia o ansiedad. El juego, por ejemplo, puede ser una herramienta útil para practicar esto en pequeñas dramatizaciones y ensayos. De esta forma, los niños pueden no solo aprender a actuar en casos de emergencia sino también disminuir su sentimiento de vulnerabilidad frente a éstos. Sin embargo, nuevamente, es esencial que en el juego haya cierto filtro en los contenidos que se trabajan (no violencia y no escenas trágicas) e, incluso, se puede aportar cierta cuota de fantasía para divertir a los niños. Es importante, además, realizar una pequeña conversación reforzando la idea a los hijos de que este tipo de actividades se hacen con motivo de cuidarlos y saber todos qué hacer en caso de que ocurra. Por último, sería relevante mencionarles que, de suceder un temblor o terremoto, no deben tener miedo pues diversas autoridades siempre estarán ahí para protegerlos (profesores, padres, tíos, etc.).

Finalmente, a veces pensamos que por ser niños nuestros hijos no captan algunas conversaciones o algunas noticias que observamos en la televisión mientras estos juegan o realizan tareas, pero continuamente éstos nos demuestran cuán equivocados estamos. Por ello, no solo en la interacción diaria hay que tener cuidado de lo que se dice o expresa, sino también en las actividades que realizamos así como en las conversaciones con otros miembros de la familia cuando estemos cerca a los hijos. Los niños suelen sentirse desprotegidos y ansiosos en situaciones nuevas: ¿cuánta angustia sentirán ellos al asociar un fenómeno como un sismo con la posibilidad de sentirse solos y sin la gente que los protege?

Desde el Centro Vinculare consideramos que incluir a los niños en este tipo de conversaciones y actividades es siempre mejor que mantenerlos distantes, pero siempre cuidando de no angustiarlos, preocuparlos y haciéndoles saber que su familia siempre los cuidará y protegerá.

Imagen obtenida de: https://www.cbc.ca/

 

¡UNA MASCOTA EN LA FAMILIA!

diciembre 2017

Cada día son más las familias que deciden adoptar una mascota en casa: desde un ratón o un ave hasta un perro o gato, beneficiando a todos con alegrías, juegos y recuerdos gratos. Sin embargo, no todo es fácil en el proceso de adopción ni en el de crianza del animal y, por esto, consideramos importante reflexionar acerca del rol que tienen las mascotas en nuestras familias así como las distintas variables que se deben de analizar para decidir qué mascota adquirir y cómo preparar a los niños para asumir los cuidados del animalito.

Las mascotas son, en general, motivo de alegría para los niños. Representan compañía en tiempos en los que los hijos suelen sentirse cada vez más solos, horas de juego creativo y libre (improvisado, sin uso de tecnologías, etc.) y también un aprender a ser responsables al cuidar afectivamente de un tercero. Por esto, cada vez más, hoy en día, se recomienda tener una mascota en casa, sobre todo cuando hay casos de niños con timidez extrema, miedo a la soledad, diferentes tipos de problemas relacionados a la ansiedad, baja autoestima, depresión, entre otros. Por este motivo, además, cada día las terapias con animales como la equinoterapia, la zooterapia o la terapia asistida son más frecuentes, beneficiosas y efectivas para lidiar con problemas afectivos, del desarrollo o psicomotrices. Es importante, sin embargo, analizar bien qué tipo de mascota se requiere según el caso ya que no todas las especies ofrecen lo mismo. De esta forma, un gato, que es independiente, requiere de menos cuidados y que difícilmente se presta para el juego, no cumplirá el mismo rol ni beneficiará a un niño de la misma forma que un perro. Más dependiente, con requerimiento de cuidados continuos, compañía y que necesita del juego para aliviar el estrés. Lo mismo con una tortuga, un conejo, un ave. Asimismo, es importante fijarse en las características propias de la especie (pronóstico de vida, biología, carácter, etc.): los hámsters, por ejemplo, pueden ser juguetones (aunque muchos suelen ser temerosos), pero también frágiles física y biológicamente para niños muy pequeños que aún no desarrollan plenamente su coordinación psicomotriz; por otro lado, tienden a reproducirse rápidamente y a mostrarse agresivos en dicha etapa al punto de violentar físicamente a su compañero(a) o, incluso, a sus crías.

Otro aspecto importante de analizar antes de considerar el adoptar una mascota es cómo esta cambiará los planes, rutinas y organización general de la casa. Por ello es esencial el conocimiento que tenemos de nuestros hijos así como la comunicación para poder plantear a cargo de quién estarán dispuestas las distintas tareas relacionadas al nuevo integrante de la familia (limpiar, dar comida y agua, sacar a pasear, jugar, etc.) de tal forma que este no se vuelva una fuente potencial de estrés.

Lamentablemente, la alegría que surge de tener una mascota viene acompañada de una pena muy grande y mucho dolor cuando estos fallecen. Este es un acontecimiento sumamente difícil para los niños, puesto que las mascotas han sido sus compañeras a lo largo de su vida y han compartido muchos momentos de alegría y tristeza juntos.

Por esta razón, si bien es imposible proteger a los niños por completo de la pérdida de una mascota, como padres y cuidadores, podemos ayudar a nuestros hijos a enfrentar la situación de la mejor manera posible y apoyarlos para procesar lo ocurrido. Además, muchas veces la muerte de una mascota querida es la primera pérdida que experimenta un niño. Por ello, este proceso de duelo puede ayudar a los niños a enfrentar otras pérdidas más adelante.

El momento más duro, sin lugar a dudas es cuando se le da la noticia al niño de que su mascota no va a volver. Es importante tener en cuenta que aunque la verdad sea triste, debemos contársela con claridad a los niños para evitar confundirlos y generar malentendidos. Los niños asumen mejor estas experiencias cuando se les dan explicaciones sinceras y adaptadas a su nivel de comprensión. Ante este acontecimiento, los niños pueden sentirse solos, mostrar tristeza, ira, frustración negación, culpabilidad o temor, sin embargo es importante dejar que puedan expresar su dolor. Todas estas manifestaciones se superarán con el tiempo, con paciencia, cariño y comprensión de quienes lo rodean. Por ello, es necesario ayudar a los niños a comprender que es natural sentir todas esas emociones, que no está mal no querer hablar de ellas al principio y que estaremos ahí cuando ellos estén listos para compartir sus sentimientos.

Adicionalmente, resulta útil encontrar maneras especiales de recordar a la mascota. Algunas personas entierran a su mascota como una manera de despedirse de esta, mientras que otros simplemente comparten recuerdos o buenos momentos que compartieron juntos. En este sentido es muy importante hablar de la mascota con frecuencia y con amor. Por ello es se le debe hacer saber al niño que si bien la pérdida ha sido dolorosa, en algún momento pasará, sin embargo los buenos recuerdos con la mascota permanecerán por siempre. Finalmente, a pesar de que la muerte de la mascota deja un gran vacío en casa, no es recomendable apresurarnos para buscar una nueva. Los niños, al igual que los adultos, necesitan un tiempo para recuperarse de esta ausencia y además, el proponer la búsqueda de una nueva mascota transmite un mensaje a los niños de que una pérdida se podría superar mediante un reemplazo.

Como hemos mencionado anteriormente, un animalito es, en muchos casos, un beneficio para la familia y un elemento que fomenta el desarrollo en distintas áreas para los niños y también para los adultos, pero siempre y cuando la preparación sea adecuada y se analicen bien las variables citadas antes de adoptarlo. De lo contrario, la mascota puede llegar a ser más bien una fuente de estrés para algunos integrantes de la familia, un distractor o displacer para los hijos y, por último, también se podría estar causando un daño al animal. Desde el Centro Vinculare, los animamos a tomar esta decisión con cuidado, preparación y cariño; ¡solo de esta forma podremos asegurarnos esos momentos felices y gratos que tanto deseamos!

Centro Vinculare © 2020 

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